La energía va a dónde ponemos la atención.
El observador determina el acontecimiento.
Son un par de enunciados que definen lo que es el “efecto observador”.

La energía va a dónde ponemos la atención.
El observador determina el acontecimiento.
Son un par de enunciados que definen lo que es el “efecto observador”.


La intuición está subestimada.
Tenemos mucha sabiduría en nuestro interior que viene a partir de experiencia y emoción.
Este almacén de recursos que todos tenemos tiende a sesgarse por darle demasiado peso a nuestra parte lógica- analítica.
Le cargamos la mano a este sector y le exigimos respuestas que no le corresponden.

Una herramienta que subestimamos para pausar el sufrimiento es la pregunta.
Sólo que así como es un instrumento de alivio, también puede serlo de automaltrato, en consecuencia, también un elemento que si usamos sin atención termina por hacernos sentir peor.
Pienso en 3 maneras de cuestionar, de éstas, hay un par que van a elevar nuestro ánimo en momentos vulnerables:
1. Preguntas reclamo.
2. Preguntas refugio.
3. Preguntas inspiradoras.
Voy a empezar por describir la preguntas que nos lastimaran y pasaré después a describir las que pueden pausar el malestar y después las que pueden mejorar nuestra disposición.

El dolor, la angustia, la tristeza, el caos…
…son maestros notables.
Sus lecciones son profundas, nos obligan a atender, a enfocarnos, a ser presentes, a ser conscientes.
Cuando algo nos lastima de una manera que no podemos justificar, tenemos una brújula personal que nos posibilita la construcción de un reglamento hecho a nuestra medida.

Desde hace 1 año aprox, me empezó a caer el 20 de que es muy fácil comer de más, comprar de más, entretenerme de más, sobreentrenarme…
Por personalidad, genética y cultura, la tendencia predeterminada es la voracidad, querer más, buscar más, tener más sin detenernos a pensar en umbrales de satisfacción funcionales y concretos afines con nuestro contexto particular.
Ese pensamiento es una constante en mi cabeza, lo que nunca hubiera imaginado es que el dichoso “más”, ha llegado a nuestro elemento básico: la respiración.
Una de tantas ideas de la sabiduría popular que no cuestionamos y que destruyen muchísimo potencial creativo es: “no te andes con medias tintas.”
Si bien esa idea pretende eliminar la ambigüedad, creo que su resultado es matar la semilla de múltiples proyectos.

Barrer, lavar, doblar ropa, comer con calma, cocinar, desplazarse, dormir, bañarse… respirar.
Lo pequeño cotidiano carente de glamour, es el fundamento de nuestros objetivos más ambiciosos.

Hay una idea que me ayuda a estructurar el malestar, tanto a nivel personal como en el trabajo con mis pacientes; consiste en que todo lo que interpretamos como un problema en nuestra vida se reduce a 3 miedos fundamentales:
1. El miedo de la separación.
2. El miedo de ser insuficiente.
3. El miedo de la incertidumbre.
