Hablar contigo

“A dialogue with myself”, Tang Yong 2003

La intuición está subestimada.

Tenemos mucha sabiduría en nuestro interior que viene a partir de experiencia y emoción.

Este almacén de recursos que todos tenemos tiende a sesgarse por darle demasiado peso a nuestra parte lógica- analítica.

Le cargamos la mano a este sector y le exigimos respuestas que no le corresponden.

Esto se hace evidente en una crisis.

Cuando algo nos rebasa, es porque esa parte visceral e intuitiva nos comunica algo con un impacto que obliga a atenderlo.

Un dolor profundo, una confusión abrumadora, una angustia incapacitante, son fenómenos que surgen para descubrir o recordar herramientas que tenemos empolvadas y cuya esencia no  es racional.

En estas circunstancias, una forma de aliviar emociones que nos ofuscan, implica entrenar el arte de escucharnos.

El propósito de un espacio de terapia, es generar una atmósfera que reduzca los juicios y permita escucharnos.

Sin embargo, podemos acceder a esta experiencia con más sencillez:

escribirnos.

Este acto permite un lienzo para desparramar nuestro aparente caos interno y hallar, en ese vaciado, ligereza, claridad y desahogo.

Con mucha frecuencia recomiendo escribirse una carta a uno mismo con la intención de continuar la inercia de lo que se da en el consultorio: escudriñar en nuestra propia reserva de conocimientos sutiles hechos a la medida por nuestra historia para nuestra experiencia particular y concreta.

Somos nuestros mayores especialistas, paradójicamente esto supone una multitud de puntos ciegos que no va a tener un aficionado respecto a nosotros.

Reducir los sesgos y prejuicios de la maestría en nuestra mismidad se puede hallar al hablar con nosotros a través de la perspectiva que permite la escritura.

Nuestro cerebro reducirá su ritmo y tomará distancia, lo mismo harán nuestras emociones.

Cuando no sepas qué hacer escríbete.

Algo valioso y práctico vas a encontrar.

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4 comentarios en “Hablar contigo”

  1. Y, con la entrada anterior, escribirme preguntándome las cosas a veces me ayuda a contestarme sin miedo.
    Mi problema está en que definitivamente sé cuáles son las respuestas a mis necesidades pero me niego a escucharme, a leerme, a ver mis entre líneas.
    Apenas encontré esas cartas que escribí hace tres años cuando mi caos estaba en uno de sus puntos máximos… Qué diferente fue leerme desde esta perspectiva!

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