

Hay una idea que me ayuda a estructurar el malestar, tanto a nivel personal como en el trabajo con mis pacientes; consiste en que todo lo que interpretamos como un problema en nuestra vida se reduce a 3 miedos fundamentales:
1. El miedo de la separación.
2. El miedo de ser insuficiente.
3. El miedo de la incertidumbre.


Había un hombre que decía que sentía que 2 perros peleaban en su interior.
Uno era cariñoso, tierno, atento a la armonía y satisfecho en general.
El otro era inseguro, rabioso, reactivo y paranoico.
Los 2 perros peleaban, con cada decisión del hombre, esta lucha se evidenciaba más cruda en momentos de crisis.
Cuando alguien escuchó esto, le preguntó al hombre cuál de los perros ganaba.
El afectado se quedo callado un momento.
Contestó después:
el perro que gana es aquel que más alimento.
El siguiente fragmento es una traducción y adaptación del libro: La Matriz Divina de Gregg Braden:
LAS “IMPERFECCIONES” SON LA PERFECCIÓN

Creo que reconocer este ciclo cotidiano en nuestra vida nos puede ahorrar sufrimiento:
Ilusión – fascinación – decepción
Así como hay estaciones en el año, así se da este proceso en nuestra vida, y vamos a sentir mucho dolor innecesario si intentamos aferrarnos a uno de esos momentos.

Ir o no ir. Hacer o no hacer. Querer y temer.
Cuando surge una dicotomía parecida me empieza a quitar presión ponerle nombre a la experiencia, según lo que he leído y escuchado, un nombre practico para esta ambivalencia supone: “Resistencia”.


Se me ha dado dormir poco la mayor parte de mi vida, con su respectiva cuota de cansancio.
A finales del año pasado me encontré con una idea recurrente: el descanso es indispensable para una vida armónica; en consecuencia, robarle horas al sueño merma la felicidad y la salud.
Comencé a darle más atención a mis horas de sueño, pero al hacerlo por un sentido de obligación, me estresaba y más trabajo me costaba dormir.
Una estrategia que me funcionó, y que no había hecho consciente aún cuando la había experimentado en algunas vacaciones fue tomar siestas.
De chico me aislaba demasiado. Se daba un circulo vicioso raro: era muy tímido, a veces hablaba, y cuando lo hacía, terminaba por ser muy llevadito sin aguantarme, volvía entonces a replegarme por mi falta de habilidad oara interactuar.
No han cambiado algunas cosas, sigo con algo de introversión, pero una herramienta muy valiosa en la relación con mi parte crítica y con los demás supuso cuestionar un mapa que me dieron en la infancia:
Que no te importe lo que piensen los demás.

Terminé de leer el libro de arriba, me pareció muy oportuno con temas de pandemia, vacunas y manejo de incertidumbre.
Este texto considera el papel de la sugestionabilidad como una herramienta para potenciar o sabotear nuestra salud.
Cuando algo nos rebasa, tenemos 2 reacciones primarias: peleamos o evadimos.
Hacer consciencia de este mecanismo puede generar alivio.
