Háblale bonito. Háblate bonito.

Voy a ser cursi:

“Háblate bonito.”

Creo que es difícil.

Es mas fácil juzgarme, exigirme, compararme, reprobarme, sentirme ansioso o culpable…

 

Pero se puede practicar, y después del primer momento de “ridículo”, se lubrica el proceso y hasta le agarro gusto.

 

Mi mamá le hablaba a sus plantas. Yo me burlaba (perdón Ma, eran celos). Y pasadas algunas décadas me doy cuenta de lo funcional de su actitud hacia las plantitas y hacia sus seres queridos.

 

Y yendo más alla, hay unos cuantos personajes que admiro y que le hablan bonito a sus cosas. Seguro hay montones.

Oliver Atom, un niño japonés de una caricatura fascinado por el fútbol, tiene una relación simbiótica con su pelota y le habla bonito, a su “Bonita”.

En el primer capítulo de los Super Campeones, unos niños se ríen de él, cuando lo ven con esa costumbre…

 

Hasta que ven como juega.

 

En la película de Formula 1, el personaje que interpeta Brad Pitt, le habla bonito a su coche.

Y en la última de Top Gun, el personaje de Tom Cruise, le habla igual a sus aviones.

Seguro que hay múltiples referencias de estas conexiones, tanto con seres “vivos”, como con “objetos”.

 

Una ex novia que estuvo un ratote en el godinato decía que una recomendación  recurrente era: “no dejes que la impresora huela tu miedo”. Porque “casualmente” cuando más se necesitaba un documento, el aparatito se desconfiguraba, se le acababa la tinta o algo.

 

Y me doy cuenta con el baile que LA CARICIA ES ACCESO.

Pero ha sido más fácil darme zapes y coscorrones con juicios, culpas, restricciones o conductas autodestructivas…

 

Que darme caricias o hablarme bonito.

 

Y veo que cuando le hablo bonito a mi casa, a mi libreta, a mi pluma, a mí termo, a mí ropa…

 

Algo pasa. Y empiezo a tratarme mejor y mas qué adoptar una actitud entrópica, me vuelvo también más amable  y abierto sin forzarlo, y la respuesta de cosas y personas me asombra.

 

Te comparto que me funciona tratarme bonito, aún cuando no es lo más  fácil ni frecuente, pero ahí la llevo con práctica cotidiana.

 

Ironías de la vida: tratarme tierno es duro, es mas automático juzgarme, tener expectativas y presionarme…

 

Prueba a hablarle bonito a tus cosas, a tu coche, a tu ropa, a eso que te duele que te maltraten… y de ahí prueba a hablarle bonito a quien le pertenecen esas cosas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *