Hace unos años un maestro mencionó en un curso un par de palabras como guía para movimientos y decisiones:
LIBERTAD Y SATISFACCIÓN.
Hace unos años un maestro mencionó en un curso un par de palabras como guía para movimientos y decisiones:
LIBERTAD Y SATISFACCIÓN.
TU BOTÓN DE ENCENDIDO.

“AYER”.
Me asombra cuando leo mis diarios o publicaciones, el montón de ocasiones que arranco con esa palabra.
Se me da irme al pasado con facilidad. Ahí reboto al presente, a mí introspección o revelaciones.
El “ayer” es mi bandera de salida, mi telonero, la bocina o disparo de arranque.
Leí una idea liberadora.
En un taller de creatividad, la maestra les pide sus alumnos que escriban tal como les venga a la cabeza la conclusión de la siguiente oración:
“Si no tuviera que hacerlo perfecto, yo:…”


En el consultorio y en mi cráneo me encuentro con una afirmación que se acompaña de frustración.
Un “Yo sé…”
Que viene junto con pegado con algún “debería”.
Menciono la frustración, porque aunque a nivel intelectual, moral y social sé mucho, rara vez eso que se sé coincide con lo que siento, o con algún resultado concreto que no se define por más piedra que pico desde ese deber ser.

En junio empezó, se consolidó en julio y agosto: una crisis rara.
Las ganas, el ánimo, la inspiración, la motivación, son una experiencia que puede ser controlada.
El reto es que esta experiencia es abstracta y subjetiva.
No se ve, como el dinero en una cuenta, ni como el tiempo en un reloj o calendario.
Las ganas de estar con alguien, de hacer algo, de quedarse en un lugar, se alimentan o erosionan.

En una época que se enfoca en la productividad, el consumo, los beneficios y vivir intensamente, resulta frecuente encontrarse con la frustración de no obtener resultados a partir de un esfuerzo que antes generó una consecuencia bien definida…

Preguntarme en un lapso definido de una experiencia cuál fue mi peor momento, me ayuda a aprender y a rastrear que decisiones influyeron para ese malestar.