Archivos de la categoría Dolor

Una ventaja de la decepción

Ilusionarnos nos inspira, eso permite movimiento, pero en algún momento, esa inspiración se vuelve miedo a perder la ilusión original.

Sucede entonces una crisis, rechazamos el cambio.

Y entre más  lo negamos, peor nos sentimos.

Estar abiertos a una decepción consciente, por el contrario, permite integrar. Las expectativas se vuelven menos elevadas y, en consecuencia, el apego por una circunstancia concreta, no tendrá un aterrizaje tan brusco cuando la ilusión original no sea afín con nuestros deseos.

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¿Qué aprendo?

Continuo con las herramientas para encontrar alivio a partir del acto de preguntar.

Ya había mencionado cómo preguntar “¿Qué gano?”, en una experiencia que de entrada nos deja vulnerables, es un recurso para mover atención, y que a partir del cambio de perspectiva que permite esta cuestión, podemos romper un sufrimiento que se vuelve exponencial, aún cuando puede que ya haya concluido un acontecimiento que nos causó dolor.

Una pregunta que va más lejos aún, es:

“¿Qué aprendo?”

 

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¿Cómo es tu diálogo interno?

Una forma de obtener armonía, consiste en  aprender a escucharnos.

Es natural tener un discurso interno que refleja nuestra historia, nuestros deseos y nuestros miedos.

Es natural, también, que ese flujo de ideas y sentimientos se dé de una manera espontánea, por no decir, caótica. Esto provocará que algunas experiencias detonen conflictos que generan malestar y den la impresión de rebasarnos o de que si las resolvemos seremos felices.

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Juicios, expectativas e ideales = infelicidad garantizada

Compararme

 

Es una de las acciones que tienen la mayor frecuencia para hacerme sentir mal.

No es fácil, y probablemente ni siquiera posible, no compararnos, con otros y con nosotros mismos en otros momentos de nuestra vida.

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Está bien no estar bien

La naturaleza es cíclica, se compone de opuestos.

Y nosotros, en tanto que seres orgánicos, también tenemos contrastes.

A eso me refiero con la idea de que está bien no estar “bien”, todo el tiempo.

Estar bien crónicamente sería como el calentamiento global, un extremo distorsionado que terminaría por generar estragos.

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Cómo tener una plática difícil

Una circunstancia común que he vivido y volveré a vivir es sentir que necesito hablar con alguien específico…

O evadir una conversación que se que me ayudará a aclarar, resolver o cerrar un ciclo.

La mayor parte de mi vida he sido evasivo, y a veces tengo regresiones, pero trato de cargar el menor lastre mental que pueda.

Para ello, creo, que hablar con transparencia logra un alivio tremendo.

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Malas noticias, buenas noticias.

Muchas cosas no van a salir como yo quiero, espero, ni mejor que mis expectativas…

Lo cual hace que me diga:

Las malas noticias  son:

Vas a perder dinero, te van a rechazar, vas a equivocarte…

Sin embargo, me alivia mucho reconocer las buenas noticias:

NO TE VA A DOLER COMO ANTES.

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¿No quieres sentirte “mala persona”?

Escuché un dato que me deja qué pensar:

Tenemos 66,000 pensamientos al día.

¡88 % de esa cantidad son: JUICIOS y CULPA!

Por un lado, juicios acerca de nosotros y de los demás; por  otro,  culparnos a nosotros y a los demás.

Menciono esto porque acabo de darme cuenta de qué hay muchas cosas que hago y dejo de hacer por no sentirme “mala persona”.

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