Aprovecha la inercia de las preguntas.

Una herramienta que subestimamos para pausar el sufrimiento es la pregunta.

Sólo que así como es un instrumento de alivio, también puede serlo de automaltrato, en consecuencia, también un elemento que si usamos sin atención termina por hacernos sentir peor.

Pienso en 3 maneras de cuestionar, de éstas, hay un par que van a elevar nuestro ánimo en momentos vulnerables:

1. Preguntas reclamo.

2. Preguntas refugio.

3. Preguntas inspiradoras.

Voy a empezar por describir la preguntas que nos lastimaran y pasaré después a describir las que pueden pausar el malestar y después las que pueden mejorar nuestra disposición.

1. Preguntas reclamo:

En un sentido estricto no son preguntas genuinas, son retóricas. No tienen la intención de reolver una duda, sino de juzgar.

Por ejemplo: “¿por qué siempre hago lo mismo?”, “¿cuándo aprenderé?”, “¿cuándo cambiará?”, “¿qué tengo que hacer para que me entiendas?”, “¡¿qué no te das cuenta?!”

Es una queja o un juicio que se enmarca con signos de exclamación.

Estas preguntas amplificarán una emoción que a nivel intelectual decimos que queremos resolver.

Una versión más sigilosa de este tipo de interrogante es la pregunta paranoica, aquella que pretende ser una duda prudente, pero que nos llena de miedo (a veces hasta paralizarnos) anticipando una catástrofe potencial, es condicional, puede ser: “¿qué pasará si no consigo el dinero?”, o “¿y si nunca me recupero?”, “¿y si me enfermo?”

El opuesto funcional de esta última categoría viene descrito en las preguntas inspiradoras.

Es una pregunta reactiva, no busca una respuesta, sino desahogar una emoción y en este sentido es valiosa.

Una paciente me compartió una estrategia genial en la que hay un equivalente de la utilidad de esta pregunta: ella se permite 5 minutos de queja o de lágrimas, en lugar de reprimir esa energía, le da un lapso definido apra disolverla o disminuirla y pasar a otra experiencia.

En este sentido la pregunta reclamo sirve, con la consciencia de catarsis y caducidad.

 

2. Preguntas refugio.

Estas son las preguntas más puras. Dudas genuinas.

Preguntar por preguntar pone pausa al pensamiento y a las emociones. Es a ese paréntesis de inercia a lo que me refiero como “refugio”.

Las preguntas rancias se vuelven muletillas, redundancias que y reactivan nuestros sufrimiento. Por el contrario, las preguntas refugio y las inspiradoras son cuestiones nuevas que no se nos habían ocurrido.

Por su frescura, pasman nuestras bajas frecuencias, y es mucho más fácil encontrar alivio y ligereza.

Una pregunta de este tipo que puede parecer cínica, pero hace poco disminuyo mi agobuo mientras escribía fue:

“¿Por qué tengo que sentirme bien?”

¿Por qué  todo el mundo me lo ha dicho?

¿Por qué es lo que veo en las películas?

Y la siguiente pregunta refugio que encontré con esta tendencia fue:

“¿Qué es “bien”?”

¿Quién establece los parametros de lo que es “bueno”?

¿Qué tanto me he estresado toda mi vida por “querer estar bien” y sólo terminó por sentirme peor?

En lugar de dejar de analizar, de no pensar tanto, la pregunta refugio se resigna a esta característica de nuestra mente de rumiar, y se la apropia para encontrar paz.

 

3. Preguntas inspiradoras.

Es la cara opuesta de la pregunta reclamo. Es una interrogante pragmática, pero como lo mencioné en el inciso anterior, es novedosa.

A diferencia de una duda paranoica que se desboca en lo que pasaría si me quedo sin dinero, sin compañía, enfermo…

Esta pregunta orienta la imaginación hacia lo mejor que podría pasar.

Como nuestra tendencia natural es pesimista, requiere un poco de energía hacer estas preguntas, pero después del primer empujón, nuestra imaginación le dará ímpetu.

A mí me estabiliza mucho hacer la pregunta específica:

“¿Cómo se sentiría..?”

Verbigracia:

¿Cómo se sentiría  ganar..?

¿Cómo se siente dormir en un lugar en el que sólo se escucha el rumor de las olas?

¿Cómo se siente que tu ropa te quede cómoda?

¿Cómo se siente llegar a…?

La experiencia que dices que quieres, explórala con consciencia en tu fantasía. Esto disminuirá el miedo y el pesimismo al utilizar la imaginación con intención.

Estas preguntas siguen una tendencia natural en todo ser humano: la de divagar. Pero estableces un carril que te aleja de la preocupación que es para lo que estamos predeterminados genéticamente, y te diriges hacia la inspiración. Una experiencia que te estimulará hacia lo que quieres.

Viene la última pregunta de esta entrada:

¿Para qué preguntas? ¿Para sentirte mejor o para sentirte peor?

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2 comentarios en “Aprovecha la inercia de las preguntas.”

  1. Qué padre, Doc…
    Aprender a preguntarme y no a cuestionarme (o al menos hacerlo con conciencia) es algo que me ha ayudado a sobreponerme incluso de algún ataque de ansiedad.
    Es algo que básicamente todos hacemos pero, como dicen, la intensión es lo que cuenta.
    Gracias por tan buena enseñanza!

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