Leí que Stephen King, no cree en las musas, sí cree en “el muso”.
Dice al respecto que el dichoso es escurridizo y difícil de seducir, pero que cuando aparece su magia creativa es abrumadora. Y la única manera de que aparezca es: darle dedazos al teclado.
Hace un año me topé con una bonita anécdota de un autor canadiense, Neil Pasricha, en su libro: La Ecuación de la Felicidad.
Menciona que nos complicamos la vida al pensar en la siguiente secuencia:
QUIERO – PUEDO – LO HAGO
Es decir, cuando este inspirado (o quiera o tenga ganas o no me quedé de otra), me daré cuenta de que puedo hacer algo y entonces lo haré.
Mientras, pensaré que es muy difícil o que no tengo tiempo o dinero, o que tengo tiempo de sobra y lo haré después…
Pasricha menciona que a los 4 años en una fiesta, un amigo de su papá lo impulsó a aventarse de un tobogán que acababa en una alberca profunda.
Durante mucho tiempo, y aún sucede, me generaba culpa no conseguir ciertos objetivos en tiempo y forma, o no conseguir una “vida equilibrada”.
Entre frustración por no hacer las cosas de manera óptima o culpa por de plano no moverme, me doy cuenta de que hay una manera de anular pensamientos de indecisión que esperan las condiciones adecuadas para empezar grandes proyectos que digo que quiero y simplemente no ejecuto.
Hace un par de semanas encontré una idea que me mostró una posibilidad de mermar mi frustración.
Se trata de dejar de buscar “la felicidad”, “la tranquilidad” o “estar bien”, que son intenciones que tengo cuando me siento vulnerable y que por desgracia no se alcanzan por lo abstractas que son.
El viernes pasado vi una película danesa que se llama así.
Me dejó pensando en lo parecida que es mi imaginación a la capacidad creativa de quienes hicieron la película: con poco logran mucho. Seguir leyendo Culpable→
En vacaciones de semana santa me reuní con mi familia; mi hermana, mi sobrino y mi cuñado vinieron desde León.
Me llamó la atención que mi hermana me dijera que su esposo quería darse de regalo de cumpleaños correr 43 kilómetros afuera de su casa en León.
Un obsequio muy original, yo creo, y me impresionó que casi cada día que estuvo por acá corría 10 kilómetros y el lunes de Pascua se le antojó irse corriendo de Villa Coapa a Perisur de ida y vuelta: hizo 22 kilómetros.
Tiene bastante que no salgo a la playa, me encanta la arena, el agua, la brisa y la somnolencia que hay en algun lugar al nivel del mar sin la celeridad urbana…