¿Por qué la prisa?

Muchas mañanas, despierto acelerado.

Sin alarma, sin pendientes inmediatos o cercanos,  pero empiezo a perseguirme y a buscar una perfección rara por “aprovechar” el día.

Me funciona bastante, a obscuras sentarme y meditar esa urgencia.

En esas meditaciones surgió hace poco una pregunta que me orienta y regula:

“¿por qué la prisa?”

No es retórica, es una pregunta amable y curiosa que indaga el origen de esa presión interna.

En este sentido, me acuerdo de una palabra que escuché hace unos años:

“Cronopatía”: más o menos entendí que este termino se refería a la sensación de insuficiencia de tiempo y a una búsqueda de concluir algo a través de movimiento compulsivo.

A la pregunta de “¿por qué la prisa?” , le agrego otra:

¿Cuántas cosas hago por ansiedad?

Comer, comprar, salir, trabajar, ver el celular, coger, hacer ejercicio por ansiedad. Para que la mayoría de las veces ese movimiento frenético me deje exhausto en el cuerpo, pero revolucionado en mi interior, con mayor dificultad de lograr sentir un descanso o alivio genuino.

Una idea que me ayuda a serenarme en lo físico aún con esa sensación de querer resolver algo difuso, me la regaló una maestra con la siguiente intención:

“Busca pulcritud del movimiento.”

Me decía que no era necesario moverse tanto ni tan marcado para comunicar algo en el baile. Y en ese movimiento esencial, que muchas veces es más nítido porque trae contornos de quietud y suspenso se limpia confusión.

Esa búsqueda de pulcritud de movimientos en la vida cotidiana me la defino con más preguntas:

¿Por qué hago lo hago?

¿De verdad es tan urgente o sólo quiero sacudirme culpa y ansiedad con un movimiento que me distraiga, más que con una resolución funcional o un desapego concreto?

¿Qué quiero? En este instante, no mañana, no ayer.

¿Qué es lo que de verdad quiero?

Muchas veces me doy cuenta, que ni es hambre, ni frío, ni calor, ni deseo, ni ganas de ir al baño, ni dinero. Sino la dificultad para aprender a rendirme y observar mi mundo interno que puede ser fluctuante o que me pide atender algo puntual que llevo rato evadiendo…

Con listas de pendientes y movimiento compulsivo.

Ademas de las pregunas mencionadas, otra estrategia que me ayuda a serenarme y encontrar esos movimientos pulcros que tienen impacto y me generan satisfacción, sin inventar un nuevo pendiente la acabar una tarea, es alejarme del reloj y el celular.

Si no veo el tiempo, no me persigo tanto.

Si no veo el celular esa urgencia, no es tan agresiva. Y si lo practico con frecuencia y me quedo con esa incomodidad incial de estar desconectado o de que puede pasar algo importante que yo descuide, viene una dulce incertidumbre, una duda pacífica.

La comparación y la persecución se reducen y, a veces, desaparecen por completo.  Y la ejecución, si la hago, es más limpia, oportuna y disfrutable.

Ahí me muevo más desde la conexión, que desde la compulsión. Movimiento que conecta con el momento, con otra persona, con necesidades concretas.

Decisiones pulcras sin prisa, con mínima posibilidad de remordimiento.

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