
Muchas mañanas, despierto acelerado.
Sin alarma, sin pendientes inmediatos o cercanos, pero empiezo a perseguirme y a buscar una perfección rara por “aprovechar” el día.
Me funciona bastante, a obscuras sentarme y meditar esa urgencia.
En esas meditaciones surgió hace poco una pregunta que me orienta y regula:
“¿por qué la prisa?”