Qué problema quieres amar

Hace un par de semanas encontré una idea que me mostró una posibilidad de mermar mi frustración.

Se trata de dejar de buscar “la felicidad”, “la tranquilidad” o “estar bien”, que son intenciones que tengo cuando me siento vulnerable y que por desgracia no se alcanzan por lo abstractas que son.

Genera impotencia querer ser feliz o querer sentirse bien. No son experiencias tangibles, son generalizaciones.

Por el contrario, si adoptamos una perspectiva práctica, realista y quizá… hasta masoquista, será más accesible sentir que tenemos control de nuestra vida, experiencia que generará satisfacción y, en consecuencia, plenitud o felicidad.

¿Cómo es esa óptica “casi masoquista” que puede llevarnos a experiencias felices concretas?

Muchas veces pensé en el llamado: “dolorcito sabroso” que es resultado de tener el cuerpo engarrotado después de hacer ejercicio.

Es raro… el dolor, tiende a evitarse, pero no si ese dolor tiene un propósito, como en el caso de tatuarse, vacunarse, ahorrar para un proyecto o hacer ejercicio.

Un dolor propositivo, en lugar de su evasión, nos posibilita ser felices en presente y a largo plazo al enfocarnos en 3 experiencias:

1. Enamorarnos de los problemas.

2. Decidir cuál  es el dolor que queremos vivir.

3. Enfocarnos en los procesos.

 

Las desarrollo:

1. Enamorarnos de los problemas:

La vida siempre tendrá retos y cosas que nos sacuden, pero perdemos de vista que la mayoría de las ocasiones podemos elegir los problemas que queremos experimentar.

Hay problemas mejores que otros. Puedo preocuparme por que tengo que pagar impuestos porque gano mucho y puedo preocuparme porque no tengo dinero para comer. En ambos casos tengo problemas de dinero, pero la calidad es diferente. Puedo frustrarme por estar solo, o puedo frustrarme porque estoy rodeado de gente intensa y dramática, cada quien puede decidir cuál frustración es peor. Puedo sentirme poco valorado y resentido porque siempre cedo, o puedo sentirme culpable porque me dicen que soy mala onda y pongo límites, ¡pero al final puedo escoger!

Puedo escoger problemas de una calidad mayor. Incluso cuando no escojo, ya elegí ser una víctima de las circunstancias; estoy enamorándome de un problema en una matrimonio arreglado por mi desidia.

Y si me doy cuenta de que mi problema es de primer mundo y tengo la consciencia de otros problemas peores que no estoy viviendo, me voy a enamorar de mis problemas decididos, y voy a sentirme feliz y capaz al darme cuenta de que puedo resolverlos, en lugar de caer en una postura infantil de querer que la vida sea fácil (y lo fácil termina por aburrir).

 

2. Decidir cuál  es el dolor que queremos vivir.

Volviendo al tema del “dolorcito sabroso”, el dolor de sentir mi cuerpo despues de un entrenamiento, en el  que hace que piense en la mamá de mi entrenador con poco menos que aprecio cuando me duele cada fibra muscular al despertar al día siguiente, me resulta, después de esa reacción inicial, gratificante.

Porque es DOLOR, NO ES SUFRIMIENTO.

El dolor tiene un propósito, sentir mi cuerpo, hacer cosas con él que antes no podía, conseguir endorfinas, atascarme de cosas ricas de vez en cuando si sigo haciendo ejercicio…

El dolor yo lo escojo y asumo, le encuentro un sentido y me permite una referencia para saber que evoluciono.

El sufrimiento me dice que soy víctima y que alguien o algo es responsable de mi malestar.

El sufrimiento es esteril, no aporta nada.

El sufrimiento es reincidente, revive la misma experiencia traumática una y otra vez con umbrales cada vez mayores de maltrato y culpa.

El sufrimiento nos brinda ganancias secundarias que no queremos reconocer y que podríamos compensar de un modo diferente si hiciéramos pausa y probaremos nuevas formas de hacer las cosas.

El dolor es una reacción natural a un estresor, el sufrimiento es un apego mórbido y compulsivo al estresor.

Vas a vivir dolor en tu vida… ¿no sería padre escoger qué dolor quieres vivir?

Dependiendo de tu personalidad encontrarás tu “dolorcito sabroso” y consciente. El dolor de ahorrar y hacer presupuesto, te evita el dolor de no saber qué hacer cuando llega el estado de cuenta de la tarjeta, el dolor de estar solo, te puede evitar el dolor de una relación de maltrato, o al revés: el dolor del drama y la incertidumbre que tiene cualquier relación humana, te preserva del dolor de tener que enfrentarte a tus demonios internos y resolverlos.

3. Enfocarnos en los procesos.

Es fácil: querer ganar mucho dinero, querer ser delgado, querer ser saludable, querer tener relaciones armónicas, querer ser reconocido y valorado…

Pero no caemos en la cuenta de que esas son conclusiones como la felicidad abstracta que mencionaba al principio.

No apreciamos el placer de los procesos, y menos con esta cultura que nos permite gratificarnos ya, barato, y sin movernos de nuestra cama o sillón.

Así como enamorarse de problemas concretos o dolores particulares nos dará un sentimiento de control y aprecio por nuestra vida al tener claro a qué problemas y dolores estamos renunciando, así sucederá si me clavó con el viaje, en lugar de ser un niño caprichoso preguntándole a mi papá  a cada rato: “¿ya llegamos?”.

El ejercicio es un proceso, hacer presupuestos es un proceso, comer poca harina refinada o azúcar es un proceso, levantarme temprano es un proceso, disculparme si metí la pata es un proceso, leer en lugar de ver una pantalla pequeña o grande, es un proceso…

El abdomen marcado no es un proceso, ni la relación con final feliz de comedia romántica, ni sacarme la lotería y resolver de golpe todos mis problemas.

Definir qué procesos son naturales para mí y escoger enamorarme de ellos, afianza mi identidad y me permite decir que no con facilidad a muchas cosas sin sentir que renuncio a algo, al tiempo que veo resultados en el área que decidí. Así le bajó notables rayitas a mi procrastinación y culpa.

Si quieres sentirte frustrado elige “ser feliz” y “sentirte bien”.

Si de verdad quieres sentirte bien la mayoría parte del tiempo y tener momentos y experiencias agridulces que harán un balance feliz:

1. Enamórate de tus problemas.

2. Escoge tu dolor en lugar de que el sufrimiento te elija a ti, y

3. Enfócate en procesos más que en resultados.

 

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4 thoughts on “Qué problema quieres amar”

  1. Yo elijo tener sentirme bien aunque eso me lleve a tener que hacer grandes movimientos que me saquen de mi zona de confort, o bien, que sé me dolerán de momento pero no me harán sufrir de por un tiempo prolongado.
    Me tomó tiempo asimilarlo, Doc.
    Gracias!

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