
Más de la mitad de las experiencias que me generan culpa, las he hecho cansado.
… son ejemplos de situaciones que fomento por estar fatigado.


La naturaleza es cíclica, se compone de opuestos.
Y nosotros, en tanto que seres orgánicos, también tenemos contrastes.
A eso me refiero con la idea de que está bien no estar “bien”, todo el tiempo.
Estar bien crónicamente sería como el calentamiento global, un extremo distorsionado que terminaría por generar estragos.
Una circunstancia común que he vivido y volveré a vivir es sentir que necesito hablar con alguien específico…
O evadir una conversación que se que me ayudará a aclarar, resolver o cerrar un ciclo.
La mayor parte de mi vida he sido evasivo, y a veces tengo regresiones, pero trato de cargar el menor lastre mental que pueda.
Para ello, creo, que hablar con transparencia logra un alivio tremendo.


Las pantallas se han vuelto un elemento que define la vida en la actualidad.
En este escenario, el libro de Minimalismo Digital de Cal Newport, me inspiro a hacer varios cambios que me brindaron una sensación de ligereza, disminución de ansiedad y mayor claridad.

Me ha costado respirar.
Me he puesto tembloroso.
He sentido el pecho apretado, la garganta cerrada y ganas de llorar sin poderlo lograr.
Muchas cosas no van a salir como yo quiero, espero, ni mejor que mis expectativas…
Lo cual hace que me diga:
Las malas noticias son:
Vas a perder dinero, te van a rechazar, vas a equivocarte…
Sin embargo, me alivia mucho reconocer las buenas noticias:
NO TE VA A DOLER COMO ANTES.

Sí hay algo seguro en la vida, es el cambio.
Y parte del cambio implica pérdidas.
Vamos a perder seguridad, confianza, salud, relaciones importantes, cosas que nos costó trabajo conseguir.
Y perder algo duele…
Pero evadir o negar una pérdida que puede suceder dolerá más.
No es mi intención con lo que escribo aquí estimular la paranoia predeterminada que fantasea con catástrofes que a lo mejor no suceden.
Sí es mi propósito generar consciencia de que el cambio y la pérdida son parte natural del proceso de vivir y que si nos entrenamos en nuestro músculo de desapego podremos movernos sin tanta angustia.
Puede que haya dolor y tristeza, pero remordimiento o miedo son más fáciles de prevenir de lo que podemos imaginar…
…Siempre y cuando tengamos ejercitado nuestro músculo de desapego.

Amarrarnos las agujetas, hablar, leer, caminar…
La mayoría de las cosas que hacemos las aprendimos.
Andar en bicicleta, manejar, comer de cierta forma…
Esas son cuestiones concretas que podemos rastrear de acuerdo a los hábitos de nuestro entorno y a quienes nos criaron: familia, maestros de escuela, amigos.
No somos tan conscientes de que nuestras reacciones emocionales también son mecanismos aprendidos por:
1. Seguir el ejemplo de alguien más, o,
2. Un chiripazo que nos permitió resolver superficialmente algún conflicto, y que nos condicionó para tomarlo en cuenta en el futuro porque funcionó.


Hay una frase que escucho con relativa frecuencia en terapia con mis pacientes y la vivo con todavía más frecuencia en mi interior:
Ni yo me entiendo.
Esto sucede cuando decimos una cosa y hacemos otra, o cuando digo que quiero algo pero le encuentro defectos o pretextos.
Le voy a llamar el Síndrome del inconforme.
¿Cuáles son sus síntomas?
1. Es más fácil verlo en los demás que en uno mismo.
2. Constante indecisión.
3. Insatisfacción crónica.
4. Sentimiento de estancamiento.