El regalo más grande de la angustia.

Me ha costado respirar.

Me he puesto tembloroso.

He sentido el pecho apretado, la garganta cerrada y ganas de llorar sin poderlo lograr.

He tenido ganas de salir corriendo y arañar las paredes.

Ha pasado lo opuesto, y me he hecho un ovillo entre cobijas sin ganas de asomarme al mundo.

He:

comido, bebido, revisado el celular compulsivamente sin buscar nada concreto, estado en relaciones que agonizaban intermitentes, comprado por comprar…

todo para evadir algo que no tengo claro.

He pasado madrugadas con insomnio mientras mi cabeza masticaba una y otra vez ideas que no quería, pero tampoco podía soltar.

He fantaseado con que podía darme un infarto, cáncer y otras múltiples enfermedades sin poderlo controlar, cuando mi salud física ha estado en su mejor momento.

He peleado con una maraña de pensamientos y emociones que sólo se hacían más fuertes entre más intentaba reprimir.

Todos esos son momentos de angustia que me han dado un regalo muy grande que apenas hago cosnciente:

Una brújula para orientarme en la vida.

Cada infierno en mi cabeza me ha enseñado contraste para apreciar la claridad, ligereza y armonía cuando llegan y para cultivarlas con intención.

Cada experiencia de crisis me ha dado un referente para percatarme de que estoy desalineado y me conviene hacer una pausa.

Cada caos que me abruma me permite una oportunidad para ser más benévolo conmigo.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2020 Arturo Hernández

2 comentarios en “El regalo más grande de la angustia.”

  1. He dejado la TV prendida sin realmente estarle prestando atención solo para no sentirme sola o para no escuchar lo que me dice mi cabeza o mi intuición… He dejado la luz prendida para no tener que ver dentro de mi oscuridad… He aprendido que cuando no quiero ver o escucharme es cuando más necesito hacerlo y que cuando lo hago aprendo a entender el ruido que tengo dentro.
    Gracias por la entrada, me siento tan identificada!!!

    1. Te cito Soledad:

      “He aprendido que cuando no quiero ver o escucharme es cuando más necesito hacerlo” …

      Y entre más tratemos de bloquear a nuestra voz interior, más caotica puede volverse nuestro contexto hasta que atendamos

      ¡Aprecio mucho que compartas!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *