¿Por qué somos contradictorios?

Hay una frase que escucho con relativa frecuencia en terapia con mis pacientes y la vivo con todavía más frecuencia en mi interior:

Ni yo me entiendo.

Esto sucede cuando decimos una cosa y hacemos otra, o cuando digo que quiero algo pero le encuentro defectos o pretextos.

Le voy a llamar el Síndrome del inconforme.

¿Cuáles son sus síntomas?

1. Es más fácil verlo en los demás que en uno mismo.

2. Constante indecisión.

3. Insatisfacción crónica.

4. Sentimiento de estancamiento.

 

 

 

Desgloso cada punto a continuación:

1. Es más fácil verlo en los demás que en uno mismo:

En particular en relaciones significativas, aplican los dichos: “lo que te checa te choca” o “no te proyectes.”

Muchas veces caemos en relaciones tóxicas de codependencia porque es mucho menos duro ver las incongruencias en la pareja en momentos de conflicto que en la mismidad, por eso uno quiere terminar la relación cuando está mal y quiere regresar cuando no está la otra persona que ama-maltrata: porque se pierde ese villan@ y no queda otra opción que enfrentarse con los propios ángeles y monstruos.

Nuestra sensibilidad se agudiza de acuerdo a la cercanía, profundidad y frecuencia de los vínculos. En este sentido, las relaciones son un excelente punto de referencia para darnos cuenta de qué tan incongruentes somos en nuestro interior a partir de qué tanto nos afectan las contradicciones de otras personas.

 

2. Constante indecisión.

Supone elegir constantemente, cambiar en el último momento lo que queremos.

Es estar en búsqueda eterna de “lo mejor” sin alcanzarlo nunca.

Después de la decisión ejecutada uno siente remordimiento y considera que pudo haber elegido mejor.

Sumamente frecuente en esta época en que contamos con muchísimas posibilidades de elección desde sabores de un helado hasta películas y series de una plataforma.

 

3. Insatisfacción crónica.

Hay una búsqueda constante de metas acompañada de la insatisfacción por disfrutar los logros conseguidos.

Cuando arañamos un logro surge una nueva meta que alcanzar o un nuevo problema que resolver.

Somos voraces, queremos más lo que sea: opciones, rapidez, eficiencia, seguridad, consideración, dinero, adelgazar…

 

4. Sentimiento de estancamiento.

Esto se refiere a la dificultad para percibir el progreso y amplificar la interpretación  de los errores o pérdidas.

Sensación de que hay escasez.

Es decir, no tengo tiempo, dinero, oportunidades, recursos suficientes.

No siento que avanzo o vivo una realidad acelerada a la que nunca alcanzo; no puedo liquidar mis deudas, ni dormir lo que debo, ni tener las certificaciones que necesito…

 

 

Estás 4 son los síntomas del “síndrome del inconforme”, y antes de alimentar la frustración que puede implicar identificarse con ellas, me gustaría agregar que es una característica que compartimos todos los seres humanos por el simple hecho de que estamos VIVOS.

Así es, la indecisión, la insatisfaccion, la inconformidad son un estado natural del ser humano porque eso le permite moverse, experimentar, crear y descubrir sus fortalezas.

Es legítima la intención de buscar sentirse satisfecho y en paz, creo que para lograrlo conviene aceptar nuestra ambigüedad.

Reconocer que tenemos opuestos en nuestro interior, y que así es el diseño de la naturaleza (frío-calor, arriba-abajo, líquido- sólido/seco, etcétera), nos permitirá alinearnos en la contradicción cotidiana y alcanzar, de manera más práctica, la tranquilidad que decimos que buscamos en momentos abrumadores.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2020 Arturo Hernández

2 comentarios en “¿Por qué somos contradictorios?”

  1. F*ck It…
    Eso es lo que me recordó esta entrada, Doc…
    Muchas veces se confunde con ambición esta sensación de querer siempre más o bien de estar inconformes, se confunde también con la clásica “zona de confort”..

    Creo que solo es cuestión de verlo de diferentes ángulos… y de no clavarnos con ello.

    Gracias, Doc!!!

    1. Ambición, voracidad y lucha son maneras distorsionadas del flujo de la vida.

      A mí me hace sentido una definición que menciona Jorge Bucay de “Conformismo”: adaptarse a la forma. Eso es lo que hace el agua y las enredaderas, ni dejan de fluir o crecer, pero tampoco se pelean ni justifican.

      ¡Un abrazo Soledad!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *