En una noche de insomnio en la que me ponía cada vez más ansioso pensando en temas de pareja, de salud y económicos, me ayudó a romper esa inercia paranoica una triada:
perdonarme, celebrarme o agradecer…

En una noche de insomnio en la que me ponía cada vez más ansioso pensando en temas de pareja, de salud y económicos, me ayudó a romper esa inercia paranoica una triada:
perdonarme, celebrarme o agradecer…


“Respeta tu proceso”
Ésta idea me parece más amable y eficiente que:
“Suelta”.
“Defínete”.
“Fluye”.
“Sé congruente.”
“Atrévete”.
“El 《no》 ya lo tienes”.
“¿Qué es lo peor que podría pasar?”
Al menos, a mí me ocurre qué entre más me obligo a definirme con empezar algo nuevo que me intimida, o con cerrar un ciclo que me pesa en una relación o en un trabajo…
Más me engancho y más pierdo confianza en mi decisión.

Una paciente me contaba de su sobrina…
Tiene 12 años y su mamá le encontró un hueco en el cuero cabelludo…
Al parecer se estaba rascando por ansiedad.
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Sostener no es cargar.
Fue una idea que nos dio una maestra en clase de baile.
Hago pausa, me detengo en un lugar cómodo, respiró y me digo en voz alta:
“ESCUCHA TU RUIDO MENTAL”.
Irónico. Hubo silencio.

Es una pregunta que se me ocurrió durante un curso.
Me sorprendió, después de escribirla en una pared de mi casa y leerla con frecuencia, darme cuenta que me generaba una vida ligera con más tiempo, energía y dinero.

Una estrategia muy efectiva en momentos abrumadores supone el desapego de acción concreta.
No es fácil considerarla, porque estamos condicionados a la tendencia opuesta: hacer.


Me doy cuenta que con mucha frecuencia me siento desorientado. Cuando surge esa sensación es muy fácil que me mueva de 2 formas:
1. Al pasado con recuerdos o al futuro con esperanzas o miedos, y:
2. Al juicio de catálogo de “lo bueno y lo malo”.
Una forma de obtener armonía, consiste en aprender a escucharnos.

Es natural tener un discurso interno que refleja nuestra historia, nuestros deseos y nuestros miedos.
Es natural, también, que ese flujo de ideas y sentimientos se dé de una manera espontánea, por no decir, caótica. Esto provocará que algunas experiencias detonen conflictos que generan malestar y den la impresión de rebasarnos o de que si las resolvemos seremos felices.
Creo que uno de los tiranos más sutiles de nuestra paz es la urgencia/necesidad de “aprovechar”.
Es prima-hermana de la urgencia/necesidad de “ser productivo”.
Aún cuando la intención de ambas ideas es la realización personal y la plenitud, si se adoptan como reglamentos superficiales, son fórmulas garantizadas para la insatisfacción.
