Hace 7 años mi mamá tuvo una crisis en mera navidad.

La internaron por 2 semanas por una hernia que se complico y llevaba varios meses de perder peso y volver, en consecuencia, cada vez más arriesgada la posibilidad de una cirugía.
Hace 7 años mi mamá tuvo una crisis en mera navidad.

La internaron por 2 semanas por una hernia que se complico y llevaba varios meses de perder peso y volver, en consecuencia, cada vez más arriesgada la posibilidad de una cirugía.
Me gustó y me asustó esta idea cuando la leí:
NO ERES TUS EMOCIONES, ERES TUS ACCIONES.
Tengo cierta claridad acerca de la congruencia entre las palabras y las acciones.

Es probable que en un tiempo cambie de opinión al respecto, pero hasta el momento, no deja de sorprenderme la fidelidad con la que se puede predecir lo que hará alguien de acuerdo a lo que dice. Entre más diga que hará algo, menos lo hará.
Escribiré cuando esté inspirado.
Es una de las grandes mentiras que me cuento.
Leí que Stephen King, no cree en las musas, sí cree en “el muso”.
Dice al respecto que el dichoso es escurridizo y difícil de seducir, pero que cuando aparece su magia creativa es abrumadora. Y la única manera de que aparezca es: darle dedazos al teclado.
Hace un año me topé con una bonita anécdota de un autor canadiense, Neil Pasricha, en su libro: La Ecuación de la Felicidad.
Menciona que nos complicamos la vida al pensar en la siguiente secuencia:
QUIERO – PUEDO – LO HAGO
Es decir, cuando este inspirado (o quiera o tenga ganas o no me quedé de otra), me daré cuenta de que puedo hacer algo y entonces lo haré.
Mientras, pensaré que es muy difícil o que no tengo tiempo o dinero, o que tengo tiempo de sobra y lo haré después…
Pasricha menciona que a los 4 años en una fiesta, un amigo de su papá lo impulsó a aventarse de un tobogán que acababa en una alberca profunda.


Hay una idea que me sorprende por su originalidad:
“Decepciona al servicio al cliente.”
Hoy en la mañana fui a correr.
Y me pregunté por qué iba a hacerlo.
¿Para maltratarme o para despejarme?
La noche previa me había atascado de pan dulce. Toda la semana fue mezcla de delicias gastronómicas y etílicas con su consecuente sabor agridulce de placer y remordimiento.
La noche del domingo no fue excepción.

Taller para adultos a partir de 18 años
¿Cuándo?
Sábado 23 de noviembre de 2pm a 5pm.
¿Dónde?
Calle Pitágoras 504, Col. Narvarte Poniente, C.P. 03020, Ciudad de México, DF, CDMX, Delegación Benito Juárez.
INSCRIBETE antes del sábado 16 de Noviembre,
Inversión: $500 pesos
Datos para el pago:
Inbursa a Nombre de José Arturo Hernández Vera
Cuenta 50016476791
CLABE 036180500164767916
Tarjeta
4658 2859 0939 1827
¡TE ESPERAMOS!
Impartido por Gilda Martínez y Arturo Hernández.

Teléfono: 5530729624
A menos de que estemos muy vulnerables o enamorados, no hacemos caso de lo que nos dice la mayoría de la gente, incluidos nosotros mismos.
Sabemos qué nos conviene comer o cómo nos conviene administrar nuestros recursos o cuándo ponerle límites a alguien o cuándo disculparnos, cuándo cambiar hábitos…
Pero la aplicación de los buenos consejos no tiende a ser muy efectiva.
En nuestro interior tenemos un niño caprichoso que busca gratificación inmediata, que deja lo que no le gusta para después o que tiene miedo de hacer cosas diferentes.
Esa fue la frase.
Un día antes me había preguntado:
“¿No te da miedo andar con alguien como yo?”

Es popular el dicho que expresa que la ociosidad es madre de vicios, pero no creo en las generalizaciones superficiales.
Ayer me pidieron hacer un dibujo. Desde la secundaria no dibujaba algo con consciencia.
Me gustó lo que salió en la foto de arriba.
Aprendo varias cosas de ese dibujo.
Hace unos años una maestra me explicaba que no existía “envidia de la buena”; la envidia es envidia, y tiene un carácter destructivo.
Más para el que la siente, que para quien la provoca.
Aún así, somos humanos y es parte de nuestra naturaleza sentir envidia, ya toca a cada quien decidir que hace con esa emoción, si se queda con su esencia destructiva o la vuelve inspiración o una herramienta para vincularse. Seguir leyendo Angustia buena, angustia mala