El retiro más extraño

Hace 7 años mi mamá tuvo una crisis en mera navidad.

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Así más o menos podía ser una imagen de esos días.

La internaron por 2 semanas por una hernia que se complico y llevaba varios meses de perder peso y volver, en consecuencia, cada vez más arriesgada la posibilidad de una cirugía.

Fiestas decembrinas las pasé con ella en el hospital, lo que de entrada fue una experiencia estresante en algún punto se volvió pacífica.

Trabajaba, me iba a bañar, al hospital, hacía relevo con mi papá o mi hermana, volvía a trabajar, regresaba al hospital. Desgaste físico había, pero no acabo de definir en qué momento se volvió una experiencia que me dio paz.

Supongo que valoraba varias cosas:  pasar el fin de año con ella, el contraste que me daban pacientes que estaban en condiciones más vulnerables que ella, le leía, le llevé un pinito y le compré un perfume.

Sentir que a lo mejor era mi última navidad con mi mamá, me hacía la experiencia entrañable, empecé a sentir gratitud aún con mi miedo y el cansancio de mi familia.

Todo se resolvió por unos meses, luego vinieron un par de recaídas con sus respectivas recuperaciones…

En algún momento de humor negro en mi terapia jugaba con mi psicólogo diciéndole que habían sido mis vacaciones  en el HolidayIMSS.

Sí hubo desgaste físico, pero la experiencia me dio perspectiva. Un extraño fenómeno sucedió: regresé renovado a mis actividades cotidianas.

En general soy muy quisquilloso para dejar ciertas comodidades como: mi baño, mi alimentación, mi ejercicio, mi tiempo, mi espacio…

Todo “mi”…

Nada para los demás. Ahí vino referencia de lo egocéntrico que puedo ser…

Aún cuando la experiencia en el hospital no fue cómoda en principio, de alguna forma me dio un parámetro para valorar las bendiciones que me rodean y que por su frecuencia y cercanía eran grises.

Creo que con un poco de habilidad los “malos momentos”, las “malas personas”, la “mala suerte”, pueden volverse puntos de referencia para descubrir nuestras capacidades o para cultivar gratitud hacia lo que damos por supuesto además de sacarnos de nuestro centro para alejarnos de nuestro ego y sensibilizarnos hacia los demás.

¿Qué experiencias de crisis podrías aprovechar para renovarte, para reinventarte, para sentir gratitud, para mirar fuera de ti?

2 thoughts on “El retiro más extraño”

  1. Valorar cada momento, Doc… aunque es un lugar súper común, a veces es tan común que lo damos por enterado siempre y no ponemos atención en ello.
    Cuando pasamos por situaciones tan estresantes como esas y las cosas vuelven “a la normalidad” (o lo más cercano a ello), regresamos con otra visión de las cotidianidades y de cómo las compartimos con los demás.
    Yo comencé a ver lugares, cosas y hasta a personas de una manera diferente después de pasar por trances similares.
    Gracias por compartir esta experiencia tan personal, DOC!

    1. El contraste da un punto de referencia muy nítido para percibir.

      Los opuestos definen.

      Hay experiencias que son buenos maestros de vida.

      A veces nos enganchamos en circunstancias que nos dan identidad o ubicación, y si no nos damos cuenta, nos aferraremos a contextos que no nos gustan por la simple necesidad de definirnos como víctimas.

      Ser víctima es mejor que ser nada.

      Pero si nos entregamos a esas circunstancias que nos rebasan de manera práctica podemos reinventarnos y ser más sensibles, conscientes, e incluso, más agradecidos.

      Es algo raro, pero el dolor llega a ser un elemento de aprendizaje mucho más eficiente que la paz o un “estar bien” superficial.

      ¡Gracias a ti por comentar Soledad!

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