Aprovecha tu terquedad

A menos de que estemos muy vulnerables o enamorados, no hacemos caso de lo que nos dice la mayoría de la gente, incluidos nosotros mismos.

Sabemos qué nos conviene comer o cómo nos conviene administrar nuestros recursos o cuándo ponerle límites a alguien o cuándo disculparnos, cuándo cambiar hábitos…

Pero la aplicación de los buenos consejos no tiende a ser muy efectiva.

En nuestro interior tenemos un niño caprichoso que busca gratificación inmediata, que deja lo que no le gusta para después o que tiene miedo de hacer cosas diferentes.

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Una forma efectiva que aprovecho para hacer cosas que me cuestan o empezar a resolver emociones que me abruman es aprovechar mi terquedad.

No me canso de repetir que lo peor que nos pueden o podemos decir en un momento de estrés  es:

“RELAJATE”

O sus derivados.

Esta recomendación es mi modelo ideal para demostrar nuestra necedad: nos vamos a poner peor si alguien nos pide que nos tranquilicemos.

Pongo un ejemplo de cómo aprovechar nuestra terquedad visceral:

“Si quieres te desamarro y nos vamos a comer pizza ya.”

No entendí nada. Mi cerebro se calló. Dejé de dudar, dejé de inventarme pretextos.

Más tarde vinieron otras frases:

“¿Sabes? Tengo que confesarte que la escalada es un truco para sacarle dinero a la gente, no te sirve de nada, no vas a aprender nada, no te va a relajar, no te va a hacer más consciente, y obviamente no vas a ver cambios en tu cuerpo…”

Agregaba:

“No te relajes.”

“No te fijes donde estás pisando.”

“No te aferres.”

“No respires.”

 

Todo en tono tranquilo, ni agresivo, ni sarcástico.

 

Llegó un momento en donde  sólo me carcajeaba.

 

La estrategia de mi entrenador funcionaba.

Subía una pared que no encontraba manera de iniciar, y cada vez llegaba más lejos, si me caía, volvía a iniciar.

¡Fue padrísimo!

No había diálogo interno de autocrítica, ni fantasías de imposibilidad, sólo reía y volvía a intentarlo con todo y cansancio, pero sin dudas.

Lo mismo hago cuando estoy triste, en lugar de argumentar conmigo de porque debería sentirme feliz y sentirme peor después de no poderme sentir mejor de esa manera, me doy chance de sentirme más triste y decirme que no pasa nada, que ahorita es momento de tristeza y después llegará otra emoción, así que mejor saborear la tristeza y hacer cosas que no haría  si estuviera contento.

 

No nos gusta que nos digan qué hacer. No nos gusta que nos manipulen, ni siquiera nuestro adulto interno que sabe lo que en el fondo nos conviene…

Sabemos que deberíamos ahorrar, dejar esa relación, comer mejor, ser menos egoístas  lavarnos los dientes…

Pero si nos obligamos a hacer esos cambios sólo nos sentimos frustrados y nos inventamos excusas para postergar o motivos por los que no podemos hacerlo.

Así que, te invito a que con amabilidad te pidas lo opuesto:

Cómete ese pastel ya, siente culpa de inmediato, encélate más, gasta todo tu dinero de manera absurda, sabotea tus relaciones…

Menciónate sin agresión esas intenciones, descubrirás que tu cerebro deja de argumentar.

 

 

4 thoughts on “Aprovecha tu terquedad”

  1. Hola Arturo te estoy leyendo con atención y es bastante interesante tu opinión. Te recomiendo probar el pastel “tarte tatin” a ver si lo consigues en la ciudad. Que tengas excelente semana!

  2. Me suena como cuando eres chavito y los papás usan psicología inversa para que hagas las cosas… he de ser honesta y conmigo no funcionaba en ese entonces pero, a raíz de que me di cuenta que si me prohíbo cosas las quiero hacer con más ahínco, he dejado de prohibirme y entonces ya no se me antoja hacerlo.
    Y no sé si también a eso se deba que hay personas que me dicen que haga algo y entonces menos lo quiero hacer (para joder, nomás)…
    Necesito aprender a usar mi terquedad a mi favor y no a favor de los demás, al igual que procrastinar que es algo que no se me facilita mucho.
    Buena entrada, Doc, gracias!

    1. Idéntico a procrastinar…

      En lugar de dejar de hacerlo, conviene disfrutar, aprovechar y fluir con impulsos humanos que convencionalmente descalificamos como la terquedad.

      Todos tenemos nuestro chavito y nuestro papá internos en plena lucha de poderes.

      Mejor aceptar ese conflicto y asumirlo, que intentar eliminarlo y sólo hacerlo más crudo.

      ¡Gracias por compartir Soledad!

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