Hace unos meses escribí una entrada acerca de la amabilidad con nosotros mismos como fundamento para la armonía para interactuar con la realidad.
Tomar esta pregunta como un eje de movimiento puede orientar decisiones más claras.

Hace unos meses escribí una entrada acerca de la amabilidad con nosotros mismos como fundamento para la armonía para interactuar con la realidad.
Tomar esta pregunta como un eje de movimiento puede orientar decisiones más claras.

Es una pregunta que se me ocurrió durante un curso.
Me sorprendió, después de escribirla en una pared de mi casa y leerla con frecuencia, darme cuenta que me generaba una vida ligera con más tiempo, energía y dinero.


Es popular el dicho que expresa que la ociosidad es madre de vicios, pero no creo en las generalizaciones superficiales.
Ayer me pidieron hacer un dibujo. Desde la secundaria no dibujaba algo con consciencia.
Me gustó lo que salió en la foto de arriba.
Aprendo varias cosas de ese dibujo.
Reciente mente leí una definición de ‘felicidad” que me pareció muy integral.
Felicidad es un equilibrio entre:
PLACER y PROPÓSITO.
Placer supone lo que nos hace sentir bien en este momento, por ejemplo fumar, ver televisión o comer golosinas.
Propósito implica experiencias que en sí no resultan gratificantes, pero que durante su ejecución o al concluirlas, dejan un regusto de satisfacción, como hacer limpieza, cuidar a un hijo.
La mezcla de ambos sectores genera la felicidad.
Hace un par de semanas encontré una idea que me mostró una posibilidad de mermar mi frustración.
Se trata de dejar de buscar “la felicidad”, “la tranquilidad” o “estar bien”, que son intenciones que tengo cuando me siento vulnerable y que por desgracia no se alcanzan por lo abstractas que son.
Me sorprende descubrir que llevo años sintiéndome frustrado por una costumbre que es de lo más popular: JUZGAR. Seguir leyendo Si quieres sufrir: JUZGA
Creo que no hay malas experiencias, pero sí hay malas interpretaciones.
Y esas malas interpretaciones de la realidad nos hacen sufrir.