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Cómo digiero malas experiencias

Creo que no hay malas experiencias, pero sí hay malas interpretaciones.

 

Y esas malas interpretaciones de la realidad nos hacen sufrir.

En enero vi una película en el cine de Nicole Kidman que se llama Destrucción. A media película tuve ganas de salirme, me parecía  demasiado cruda y caótica. Me quedé, y me sorprendí unas horas después, cuando contaba un fragmento, que me había gustado.

 

Hace un tiempo hice una reseña de un libro que menciona que el dinero SÍ hace la felicidad, y uno de los principios para ser feliz con el uso del dinero en ese escrito dice: “no compres cosas, compra experiencias”; en síntesis, si vives una experiencia, no habrá remordimiento de comprador compulsivo, incluso si la experiencia no es del todo agradable, te modifica y retroalimenta.

Este principio sucedió en la película que mencioné, y a mí me ayuda a salir un poco de mis libros y mis análisis, a veces, para probar cosas ajenas a mi cabecita.

La foto de abajo fue de una salida del fin de semana, ahí ando sonriente, pero…
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… varias horas después era la persona más mal vibrosa del grupo: silencioso, contestaba parco los intentos de conversación de mis amigos, con una cara de odio que no podía con ella…

¿Por qué?

 

Porque tenía miedo, pero de eso me di cuenta hasta después. En el momento me preguntaba en qué  momento se me había ocurrido la gran idea de aceptar la invitación a ir a un río subterráneo. No imaginé que 5 kilómetros a obscuras, entre caminar y nadar, resbalarse con piedras de río, en agua con guano de murciélago, con frío, sin ninguna referencia de tiempo o espacio, más que el murmullo húmedo y el halo de la linterna que iluminaba pedazos de un espacio inmenso de vez en cuando, me iría desesperando después de 8 horas.

 

No hallaba forma de entrar en calor, tenía  hambre y me sentía cada vez más desesperado de no saber cuando saldríamos de ese laberinto de agua obscura.

Al concluir el recorrido y salir en la noche sin luces y muy desorientado, me disculpé por mi mala actitud y les comenté a mis amigos que aún sonando ingrato, no había disfrutado el recorrido.

Lo irónico es que cada vez que lo recuerdo, lo platico o veo las fotos mi opinión se modifica.  Los que ya habían hecho el recorrido me compartieron que su primera ida fue desagradable, ¡y el chico que nos guió ya lleva 8!

 

No sé si la vuelva a hacer, es probable, pero conforme pasa el tiempo, creo que fue una experiencia muy padre y que si regresara al viernes cuando íbamos de camino a Guerrero, la volvería  a vivir.

 

Así es como digiero malas experiencias, las reviso, me reviso antes y después de esa experiencia, dejo que pase el tiempo y veo que mis nervios, miedo, incomodidad o torpeza, se desvanecen y queda una satisfacción de una nueva manera de ver las cosas que antes no tenía.

 

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6 thoughts on “Cómo digiero malas experiencias”

  1. Me recuerdo mucho de una conversación que tuve contigo a principios de año respecto a las expresiones que suelo soltar y después me resultan incómodas.
    He hecho mi mejor intento en manejar las malas experiencias de forma tal que pueda digerirlas más fácilmente aunque generalmente me toma mucho tiempo pues tengo intestinos lentos…
    Gracias por esta entrada, Doc!

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