
Octubre de 2024, Ara y Chava, una pareja de amigos, me sonsacan para acompañarlos a hacer una ruta del Camino de Santiago en España.
1 año después regresábamos de hacer la ruta portuguesa por el interior. Con pies hinchados, más por el alcohcol y el largo vuelo que por caminar, y relamiéndome el recuerdo.
Los viajes me cuestan mucho a nivel interno, me confrontan y me enseñan. Mi cuerpo reacciona e integra aprendizajes con crudeza, sin filtros, muchas veces más rápido de lo que le gustaría a mi cerebro.
Así se incorporó ubo una lección magistral del Camino de Santiago.
Cada quien su Camino.
Me es muy fácil compararme con otras personas y conmigo en otros momentos, idealizar, juzgar, envidiar, buscar condiciones óptimas, justificarme, o ser condescendiente.
“Cada quien su Camino.” Es una aproximación más tierna con la realidad, con mis relaciones, conmigo mismo.
Cada quien su Camino…
El mío empezó con mi estómago…
se paraliza con los viajes, los primeros días andar inflamado y el sol, me ponían lo que le sigue de irritable. A mi panza la repatea qué le cambien su rutina.
Pero la distancia, las inclinaciones a favor o en contra, me gustaban.
La misma ruta me indicabs mis necesidades particulares: la ligereza en cuerpo y mochila (al grado que me emocionó por ser un peregrino más congurente que me perdieran la maleta al llegar a España), lentitud fluida, agua y plátanos o semillas, y estar bien con mis amigos.
Mis lujos eran café caliente en las mañanas con mi libreta, baño también caliente en la noche, (y sí había alberca fría al llegar a algun destino era bono 🙂 ), comida generosa después de caminar y ropa limpia (hasta su encanto tenía lavar en la regadera antes de dormir).
El vino se filtro como tradición de cada día, el blanco le cerró la boca a todos mis prejuicios.
Era frecuente la búsqueda de vacío y silencio durante todo el viaje, automática.
No hubo jet lag. Ni a la ida, ni al regreso. Ahí sí, mi cuerpo compensó el desequilibrio estomacal.
Jamás sentí mala vibra de quien se enteraba de mi viaje.
Lo que se supone surge cuando se emprende una empresa en la que uno se vuelve un salmoncito que nada contra el escepticismo general.
Aquí era la pura lucha con mis inconformidades internas.
Hace 3 años tuve la revelación de que aquí y en Egipto y en cualquier lugar o circunstancia estaría inconforme…
Irónico que tener esa lucidez más que incrementar la inconformidad, me ha regalado momentos de satisfacción estando quieto y un movimiento más limpio y funcional que una mera reacción para evadir ansiedad.
Aquí no fue sólo pulir la inconformidad, sino encontrar al ver a mis amigos y a otra multitud de peregrinos, leer y escuchar testimonios, que todos recorremos el mismo Camino, pero cada quien tiene su motivo, su ritmo, su estilo, su mochila, sus debilidades y fortalezas…
Y que despues de caminar durante horas este Camino en España, yo establecí mi ritmo y mis necesidades, sin tomar al otro como referencia superficial. El cansancio, la monotonía de la misma actividad (sólo caminar a un ritmo hipnótico), la frescura de estímulos diferentes, me hicieron fácil soltar juicios, para alinear pensamiento y sentimiento en que sólo hay un paso y ya, el que doy (o pauso) en este momento.
Ese caminito es un conjunto de pasos, con una personalidad muy particular.
La prisa, la perfección, la urgencia, la persecución, la “necesidad”, el hubiera, el resentimiento, se sueltan por momentos.
Es despertar, caminar, comer, dormir. La agenda la dicta el clima, tu distancia y llegar de preferencia antes de que nos cerrarán la comida, para dormir. No hay más, no hay prioridades, ni equilibrio. Muchas veces puro presente encarnado en paso.
Cada quien su camino, cada quien su ritmo, cada quien su costalito: esta evidencia saldrá después de varios kilómetros, y días de forma inevitable el código postal de mi propio tiempo y carga.
Cada metro, cada grado de inclinación, cada gramo que cargue, tendrá sentido o será un lastre. No habrá “por si acasos”, y, al revés, cosas que pensaba nimias o ridículas, se volverán esenciales (adoré unos guantes que me protegieron del frío y del sol y el chip gallego del celular).
Cada quien su Camino en España o en la Vida, atiendo mi paso o mi pausa, mi prisa y mi carga…
Y estaré atento a cuando volteé a ver el camino de otro o cuando me gane el morbo por ver cuánto llevo o cuánto falta, pues corro el riesgo de agregarme carga, distancia o incluso “trompezarme”. 🙂