El siguiente fragmento es una traducción y adaptación del libro: La Matriz Divina de Gregg Braden:
LAS “IMPERFECCIONES” SON LA PERFECCIÓN

En mis clínicas les pido a los participantes que llenen una forma para evaluarse a sí mismos en áreas tales como: la académica, la de pareja, la de trabajo y la de salud.
El sistema de calificación tiene 4 categorías que van del “realmente bueno” al “realmente malo”.
La clave aquí es que les doy muy poco tiempo para llenar la hoja. Y lo hago por esta razón: las respuestas en el papel son menos importantes que la manera de pensar que se da para contestar.
Cualquiera que sea la respuesta, la realidad es que cualquier cosa que no sea perfecto supone al participante juzgándose.
La única manera de evaluar algo como un éxito o fracaso es por medio de una comparación de algo externo a la experiencia en sí.
Como todos sabemos, somos nuestros críticos más duros. Por este motivo, a través del acto de autocompasión por lo que somos y por aquello en lo que nos convertimos, es por lo que permitiremos el reconocimiento de la perfección de cada momento de vida.
Esto es cierto a pesar de cómo otros juzguen ese momento o a pesar de cómo se transforme. Hasta que atamos un significado que creamos en búsqueda de un resultado, cada experiencia no es sino una oportunidad para expresarnos a nosotros mismos… nada más y nada menos.
¿Qué tan ligera sería la vida si permitieramos el reconocimiento de todo tan perfecto como es en este instante, sin apegarnos a una expectativa de cómo tiene o tendría que ser?
Si todo lo que hacemos y creamos se desarrolla al máximo de nuestra habilidad, y hasta que lo comparamos con otra cosa, ¿cómo podría dejar de ser algo menos que grandioso?
Si un proyecto profesional, una relación, una tarea de la escuela no resulta como se esperaba, siempre podemos aprender de nuestras experiencias y hacer las cosas distintas la próxima ocasión.
Es la manera en que nos sentimos acerca de nosotros mismos, –nuestro desempeño, apariencia y logros- lo que se nos refleja como la realidad de nuestro mundo.
Con esto en mente, el sentimiento más profundo de sanación en nuestras vidas va a ser el acto más grande de compasión: la amabilidad que nos brindamos a nosotros mismos.
Bradden, Gregg, Divine Matrix, Hay House, 2007, pp. 193,194.
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