Que te importe lo que piensen los demás…

De chico me aislaba demasiado. Se daba un circulo vicioso raro: era muy tímido, a veces hablaba, y cuando lo hacía, terminaba por ser muy llevadito sin aguantarme, volvía entonces a replegarme por mi falta de habilidad oara interactuar.

No han cambiado algunas cosas, sigo con algo de introversión, pero una herramienta muy valiosa en la relación con mi parte crítica y con los demás supuso cuestionar un mapa que me dieron en la infancia:

Que no te importe lo que piensen los demás.

Hace un rato platicaba con una paciente acerca de lo paradójico que resulta que entre más original queremos ser, más nos uniformamos. Hasta ahora no me he encontrado con alguien que con intención quiera ser lo menos original posible (eso sí sería original). Lidiamos entre definir nuestra identidad (quiénes somos) y el sentido de pertenencia (quiero / necesito conectar con los demás).

Esta misma contradicción se aplica a la intención de quitarle relevancia a la opinión ajena. A menos que padezcamos esquizofrenia, lo que piensen los demás, nos orienta, estructura e incluso facilita la vida al ser parte de una comunidad…

Además de que es revelador que entre más luche porque no me importe que me afecte la aprobación social, más me estresará, evidencia de esta experiencia es el desarrollo exponencial de las redes sociales.

Pero es real que si tomamos la aprobación social como único o principal  criterio para orientarnos, la insatisfacción, el resentimiento y la culpa están garantizados.

Una forma de sentirme en paz la mayor parte del tiempo, implica de entrada reconocer mi necesidad y deseo de pertenencia como ente orgánico y cultural, así me quito mucha presión por aspirar un asepsia social que no es natural.

En segundo lugar, al ser consciente de esos impulsos, busco orientarlos en atmósferas que sean lo más afines con mi desarrollo consciente, es decir, si reconozco que me afecta lo que piense de mí, mi “tribu”, ¿qué grupos me interesa que me influyan?, ¿de quiénes me interesa que me preocupe y me oriente su opinión?

De esta forma me evito quedar vulnerable a la comparación, competencia, deseo de pertenencia y miedo al rechazo indiscriminado que me obligará a encajar con cualquier situación social que se me ponga enfrente desde lo digital a lo analógico.

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