Cuando surge una dicotomía parecida me empieza a quitar presión ponerle nombre a la experiencia, según lo que he leído y escuchado, un nombre practico para esta ambivalencia supone: “Resistencia”.
Esa fue la manera más pronta en que sentí una paz profunda mientras meditaba. Al decirme a mí mismo mientras andaba inquieto pensando en una y mil cosas sin poder apaciguar mi mente.
Es frecuente que piense o sienta que “necesito” algo, cuando puede que sea un “quiero”, que si le rasco más a fondo, en realidad es un capricho…
Que ni siquiera quiero, y mucho menos necesito.
Es muy poco lo que necesito para sobrevivir:
1. Respirar.
2. Agua.
3. Comida.
4. Ir al baño.
5. Sueño.
6. Ropa que me proteja del clima
Fuera de esos 5 esenciales, que entrarían por definición en la categoría de NECESIDAD, hay unas cuantos procesos que me conviene (no “tengo”, “no debería”) cultivar como “QUIEROS” para dirigirme hacia un sentimiento de paz y satisfacción:
1. Cuidado de mi salud.
2. Aprender a escucharme y confiar en mi intuición.
3. Definir cuáles son mis pocos valores personales clarísimos según mi experiencia, mis fortalezas y mis cicatrices.
4. Cultivar relaciones con personas significativas que me enriquecen.
“Apetecer“, es un verbo al que le agarro gusto de poco tiempo para acá.
Me resulta muy práctico en mi día a día.
Cuando menos me estreso, es cuando algo se me antoja. En esa posición no existe una necesidad por alcanzar; por consiguiente no hay miedo a la pérdida o al fracaso.
Apetecer, es una intención que me ayuda a soltar espectativas y a moverme con curiosidad y ligereza con ganas de dejarme sorprender.