“No seas presente…
¡Ni por accidente!”
Esa fue la manera más pronta en que sentí una paz profunda mientras meditaba. Al decirme a mí mismo mientras andaba inquieto pensando en una y mil cosas sin poder apaciguar mi mente.

De esa orden inicial aclaro y concluyo, por lo menos 2 cosas:
1. Soy bien “contreras”, y
2. La voz crítica que siempre me acompaña para juzgarme, evaluarme, competir conmigo y con él mundo, no necesita silenciarse, puede aprovecharse para sentir alivio y satisfacción.
Desde hace varios años descubrí ese detalle que tenemos en nuestras emociones-pensamientos: SOMOS TERCOS.
Somos viscerales, aunque nos gusta pensar que somos lógicos, porque buscamos certeza, y nuestras racionalizaciones nos obsequian la ilusión del control.
Pero, si reconocemos y aprovechamos la armonía del caos, podremos quitarnos mucha carga y sufrimiento.
Un principio muy práctico, aunque contradictorio, es oblígate a sentir lo que quieras eliminar.
Sí, por más contrintuitivo que se lea, insisto: lo que forzamos no brota, y esto se manifiesta de una forma más cruda en las emociones y pensamientos.
Para muestra sólo basta recordar cómo nos hemos pasmado en el momento en el que tratamos de concentrarnos para hallar algo, un nombre, una respuesta, un recuerdo, un desempeño eficiente, un poco de sueño…
Entre más nos esforzamos, más frustración sentiremos.
Esta característica es muy valiosa para resolver cualquier malestar emocional que vivimos. Es desafortunado que la utilicemos para incrementar nuestra impotencia, en lugar de estimular nuestro alivio, a través de forzar las emociones desagradables en lugar de las agradables.
A este respecto conviene considerar el punto 2 de esta entrada:
¿Cómo aprovecho esa vocecita crítica e inconforme a la que nunca dejo satisfecha haga lo que haga?
Aplica el punto 1: tu “contrerismo”, tu terquedad.
“No seas presente.” Es un ejemplo.
Obligarte a dispersarte, no resultará, te inclinarás de manera orgánica a aquietarte.
Otras versiones de movimientos “absurdamente” pacíficos:
“Cúlpate.”
“Avergüenzate.”
“Frústrate.”
“Encélate.”
“Angústiate.”
Creo que queda clara la fórmula:
Si tu intención es sentirte “bien” y te sientes “mal”, obligarte a sentirte mejor, ¡sólo incrementará tu malestar!
Reconocer esta tendencia en lugar de reinventar la rueda, te da la llave maestra para sentir paz. Forza la angustia, el sufrimiento, la frustración, como primer escalón para trascender un sentimiento que no quieres.
Posteriormente aprende a reconciliarte con esa emoción. Dejará de ser tan estruendosa y constante.
Aprenderás a aceptarla, y cuando esa emoción se dé cuenta de que sabes considerarla, dejará de ser tan agresiva.
Honra tus emociones, son parte de ti.
No te rechaces, no las rechaces.
Aprende a gestionarlas: “No seas presente.”
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Es bien difícil pero, cuando logras trascender lo que realmente eres, una mezcla de interesantes claroscuros, se vuelve hasta divertido verte desde un punto de vista “con-formista” de tus versiones y aversiones.
Me gusta tu entrada, aunque debo decir que me fui con la finta de un “presente” no tan actual…
Gracias, Doc!!!
Qué sigas agregando versiones que te enriquezcan y sigas disfrutando de los matices y contrastes de presentes no tan frescos Soledad.
¡Un abrazo!
No entiendo como aplicarlo, he batallado con celos toda mi relacion y la he super sentido y no cede
Hola Valeria!
Lo difícil es abrirse a probar algo nuevo y diferente a nuestras reacciones automáticas.
Por ejemplo, en el caso de los celos, surgen de manera espontánea.
De entrada no se pueden controlar…
Sin embargo, la segunda reacción a los celos es tratar de expresarlos o reprimirlos.
Si los expresas hay desahogo,pero habrá alguna consdcuencia incomoda la mayoría de las veces, como enojo, rechazo, culpa.
Si, por el contrario, tratas de nos sentirlos, te sentirás trabada y se incrementarán.
La propuesta del artículo es adelántate a los celos, y en un entorno cobtrolado, donde no haya redes sociales, celular o esté tu pareja presente, te “obligues” a sentir celos.
Si tú tratas de no sentirlos, los harás más fuertes.
Pero si tú te obligas a sentirlos, cosa que parece absurda y que por lo mismo jamás hemos intentado de manera propositiva y consciente descubrirás que no fluyen.
Una herramienta que ayuda mucho a descubrir esta disolución de emociones, es una libreta con su respectiva pluma.
Si escribes cuando te obligues a sentir celos, empezarás a descubrir que eres más dueña de tus emociones de lo que imaginas.
Empezarán a surgir pensamientos diferentes a los que normalmente tienes y, en consecuencia, los sentimientos resultantes de esos pensamientos serán distintos.
Espero que te haya sido de utilidad mi respuesta.
¡Gracias por comentar!