Hoy en la mañana me llegó un correo que decía algo como:
Imagina que la vida es un baile, tú bailas con ella, tú escoges el baile, el salón, pero el paso lo pone ella, y aunque hay momentos que separados parecen imperfectos, cuando ves el baile en su conjunto, todo cobra sentido. Así pasa con los momentos de incertidumbre y de dolor, son un paso en una secuencia mucho más amplia, llena de color y armonía.
¿Qué te diría tu yo del futuro a tu yo presente, si te encontrará?
Creo que todos tenemos un talento (o varios), un genio interno, un impulso. Algo que nos emociona y que no nos cuesta trabajo, algo por lo que se nos olvida la aprobación, el dinero, el tiempo y nos vuelve niños despreocupados sin importar nuestras circunstancias externas presentes…
A veces lo olvidamos, pero lo recordamos cuando vemos una película que nos inspira o cuando le platicamos a alguien con pasión de un bonito recuerdo, o cuando leemos algo que nos atrapa, o cuando una canción no abandona nuestra cabeza.
Desde los 10 años empecé con un diario… no le di continuidad hasta nueve años despues.
En momentos de dolor, frustración, impotencia o confusión, muchas veces ocurre que comparto mi malestar y, alguien que se preocupa por mí, me dice: “échale ganas” o “todo pasa por algo”.
Hay frases similares que aún cuando las comprendo a un nivel lógico, sólo incrementan mi malestar, me molesto con esa persona y me molesto conmigo…
Desde hace mucho tiempo me fascinó lo sensibles que somos al sentimiento de pérdida. Hice mi tesis de maestría de un libro que se llama: El Método, que es una versión masculina de Por qué los hombres aman a las cabronas.
Durante la mayor parte de mi vida he tenido (y tengo) miedo a equivocarme, a fallar, a fracasar, a ser rechazado, a confirmar algo que temo. Tiendo a evadir o a posponer para protegerme…
Y funciona, sin embargo, también veo que la vida se mantiene gris cuando asumo esa postura de estatismo.
Antes de compartir el siguiente texto quiero aclarar que cualquier abuso permitido y no aclarado y resuelto me parece una falta de cuidado hacia uno y hacia el abusador que es tolerado y mantenido en ese esquema…
La semana pasada Ilse, me contó lo siguiente:
Mariana. Se llama Mariana, me dolió mucho lo que dijo…
Dijo en frente de otras compañeras de trabajo que yo no era talla chica, que era talla mediana, varias se rieron y la jefa dijo: “¿¡Perdón!?” Para que ella se callara.
Mariana respondió: “Nada.”
Más tarde, me encontré con mi jefa en la oficina de la contadora y ella me vio rara, me preguntó si estaba bien, le contesté que sí, pero ella insistió, le dije que después le diría y ella cerró la puerta y me dijo que mejor lo platicáramos de una vez.
Le conté que me había molestado el comentario de Mariana, que no sabía porque si yo no me metía con ella, ella desde que entré a trabajar aquí siempre me anda criticando. Yo vengo a trabajar, no me meto con nadie, creo que genero buenos resultados, y su comentario, no me gustó, por eso es que ando rara… Le dije.
Ella me contestó que hablaría con ella. Más tarde Mariana me mandó un mensaje de disculpa por WhatsApp. La sentí como forzada, le contesté que no había problema, aunque hasta ahora me sigue pegando eso que dijo…
Por mi trabajo me encuentro con frecuencia con fragilidad, con características o recuerdos que generan vergüenza, culpa y dolor…
Eso me confronta. Hace unos años hice un boletín de la belleza de las cicatrices, en el que describía que algo que refleja una herida pasada ya superada, y que convencionalmente no encaja con patrones estéticos o armoniosos, tiene su encanto porque demuestra la historia particular de alguien.
Creo que una belleza similar tienen las heridas abiertas, la patología y el trauma tiene su parte fascinante, no por el dolor, pero sí por un momento auténtico y único de la vida de una persona que encierra un recurso potencial.
Ayer disfruté mucho una película que ya había visto antes, se llama: Sólo Amigos, con Ryan Reynolds y Amy Smart.
Sin abundar en detalles, la película trata sobre la llamada “zona de amigos”, en la que un chavo trata de ser visto como pareja por una chica que le gusta.
Hasta lo que nos duele, si tenemos consciencia, tiene un sentido.
Algo que no me gusta de mí
Todos, o al menos, toda la gente que conozco, tenemos una emoción eje que por lo general no es agradable y determina la manera en que nos comportamos en la vida.
Esa emoción se hace evidente con el entorno, con lo que nos dicen que nos mueve, con lo que nos hacen, con lo que nosotros a nivel inconsciente hacemos para disfrutar o padecer.
Considero que todas las situaciones que vivimos y las personas que conocemos nos enseñan algo, y tienen un propósito en nuestra vida.
A veces se me olvida eso, cuando estoy muy feliz, o cuando me encuentro en un estado de ánimo opuesto. Sin embargo, en general, tiende a aliviarme un sentimiento de malestar en ciertas circunstancias o con alguien con quien tengo conflictos, si me recuerdo una pregunta: