El juego de la nostalgia
Desde hace mucho tiempo me fascinó lo sensibles que somos al sentimiento de pérdida. Hice mi tesis de maestría de un libro que se llama: El Método, que es una versión masculina de Por qué los hombres aman a las cabronas.
En películas, en canales de Youtube, en foros, en revistas, en pláticas, me he dado cuenta que es un tema cotidiano: la ley de la escasez o la ley de la ausencia presencia.
Es un criterio económico y vital. Si algo es abundante y continuo tendemos a aburrirnos, pero cuando empieza a ser intermitente, lo perdemos o aspiramos a tenerlo nos estimula a movernos.
El sábado una paciente se refirió a esta situación en unas cuantas palabras muy gráficas:
Es el juego de a ver quién extraña a quien más.
Creo que todos lo hemos jugado y lo jugamos, y por evidencias viscerales sabemos que funciona. No te contesto de inmediato, y luego tú me la aplicas. No te busco y luego siento que me muero porque no sé de ti. Me encelo, pero no te lo digo para que no te infles…
Hay muchas frases… Y funciona el juego de la nostalgia, es real. Pero creo que si bien es sumamente emocionante, también llega un punto en que puede rayar en una incertidumbre muy dolorosa y es donde uno o la otra persona se rinde o se engancha de una forma desgastante.
Me he dado cuenta de que existe una manera de comenzar a resolver ese juego melancólico, al menos, en este momento encuentro dos pasos:
1. Asumir las emociones que uno vive, por más desagradables o patéticas que nos parezcan. Si sentimos celos, pues los sentimos, si sentimos que no podemos vivir sin la otra persona, lo asumimos, aunque el mundo diga otra cosa…
2. Y lo segundo, no nos quedamos ahí, hay momento para quebrarse y hay momento para resolver, después de llorar y autocompadecernos, nos sacudimos el polvo, nos levantamos, y le expresamos a la persona en cuestión cuánto nos afecta el dichoso juego, nos declaramos vulnerables.
Y si la persona ya no está, o la saturamos a tal punto que no quiere saber de uno, le escribimos lo que sentimos y le (por más grotesco que se lea) le agradecemos porque nos permitió conocer un sector de nosotros que teníamos ofuscado.
El segundo paso es difícil, porque tenemos miedo de que la otra persona nos juzgue tanto como nosotros lo hacemos. Pero cuando uno es sincero con uno mismo, puede serlo con los demás y eso resuelve las emociones desagradables…
Ahora, yo tiendo a pecar de ingenuo, y si disfrutas del juego de la nostalgia, ¡gózalo! ¡llóralo! ¡llénate de vanidad! Y no le hagas caso a lo que acabo de escribir, es tu proceso y es respetable.
Arturo Hernández Vera especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja
Psicólogos y terapia individual y de pareja en el D.F. División del Norte # 313, entre Prvidencia y Adolfo Prieto, Cólonia del Valle, Delegación Benito Juárez.

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