
Por mi trabajo me encuentro con frecuencia con fragilidad, con características o recuerdos que generan vergüenza, culpa y dolor…
Eso me confronta. Hace unos años hice un boletín de la belleza de las cicatrices, en el que describía que algo que refleja una herida pasada ya superada, y que convencionalmente no encaja con patrones estéticos o armoniosos, tiene su encanto porque demuestra la historia particular de alguien.
Creo que una belleza similar tienen las heridas abiertas, la patología y el trauma tiene su parte fascinante, no por el dolor, pero sí por un momento auténtico y único de la vida de una persona que encierra un recurso potencial.
Todos tenemos cicatrices y creo que la mayoría tenemos heridas abiertas que no cerramos al cubrirlas con apariencias. No nos gusta mostrar nuestro talón de Aquiles. Es irónico, que muchas veces el mero hecho de cubrirlo, lo deja más expuesto.
Todos tenemos puntos vulnerables y nos duele reconocerlos, porque nuestro entorno o nosotros mismos nos hemos apretado nervio en el pasado, todos tenemos algo que nos da pena que los demás sepan de nosotros…
Es curioso que eso que tanto escondemos, la mayoría de las veces, no sea tan estridente como imaginamos, pero que sí nos atormenta y tratamos de esconder por múltiples medios quizá haciéndolo más evidente.
Me he dado cuenta de que una de las cosas que más atractiva me resulta de la gente, no importa su género, apariencia física o nivel educativo, es su capacidad de reírse de ellos mismos, me invita a hacer lo mismo… Por el contrario, el encontrarme con alarde me vuelve suspicaz aún cuando sepa algunas veces que es un intento de protegerse de alguna agresión potencial.
Hubo una vez alguien que me gustó decirle que es belleza caótica y perfección incompleta, y creo que eso se aplica a todo ser humano: somos perfectos en nuestro proceso individual de errores, de lágrimas, de sorpresas y construcción.
Para mí, mis fragilidades me generan vergüenza y culpa, pero también me doy cuenta que cuando me reconcilio con ellos, y los acepto, aunque sea un poco, me siento más ligero y tengo un punto de encuentro para abordar a alguien más y compartirle lo padre que es mostrarse vulnerable de vez en cuando, y que ser vulnerable no es sinónimo de debilidad, sino de transparencia con uno mismo y con la gente que nos rodea…
Ser transparente, hasta de las cosas que no nos gustan de nosotros mismos y que es probable que a los demás sí les gusten sin que nosotros lo imaginemos.
Cierro con un frase de Tim Ferriss:
“A veces lo que más tenemos miedo de hacer, es lo que más necesitamos resolver.”
Arturo Hernández Vera, especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja
Psicólogos y terapia individual y de pareja en el D.F.
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