
Como la repetición es una manera de aprender, escribo esto que es muy parecido a una entrada del 2019 intitulada :
“Construye tu refugio.”
En esta línea, ahora me diría:
“Construye tus templos”.

Como la repetición es una manera de aprender, escribo esto que es muy parecido a una entrada del 2019 intitulada :
“Construye tu refugio.”
En esta línea, ahora me diría:
“Construye tus templos”.

sé el cliente que quieras tener.
sé el jefe que quieras tener.
sé la pareja que quieras tener.
sé imperfecto en ese proceso, esto es una referencia, no un yugo.

Ansiedad, dolor, confusión, tristeza, impotencia, son sensores que me indican hacer ajustes.
En general, tienen avisos previos más sutiles.
Si hay una emoción que me abruma, trato de rastrear sus antecedentes para hallar la causa y solucionarla, integrarla o soltarla.
Tu mejor consejero es tu cuerpo.
Insomnio, taquicardia, lágrimas, malestares estomacales, temblores, comezón, contracturas…
Son elementos que ilustran algo pendiente, y sí se acentúan, por lo general tratan de protegernos o ubicarnos.

“Fluye”,
“suelta”,
“confía”.
Son intenciones que me parecen liberadoras, pero si me obligo a experimentarlas, generan lo opuesto:
Me pongo a analizar de más, me pasmo o hago movimientos torpes.

Creo que hay cierta lucidez cuando me hago responsable de mis emociones desagradables y dejo de culpar a algo o a alguien de un malestar…
…pero también es frecuente que surja impotencia cuando trato de trascender esa emociones y entre más “maduro”, “evolucionado”, “mejor persona”, “menos intenso”, trato de ser…
…tiendo a amplificar esas emociones incómodas.

Después de algunas semanas de notar cómo me limitaba cada vez más una tensión en mi cadera, fui con un fisioterapeuta que me recomendó un amigo.

Durante toda mi vida he sentido vergüenza.
El miedo al rechazo, la búsqueda de aprobación, la preocupación por hacer el ridículo se presentan con frecuencia en mi historia.
Al dar terapia descubrí que pelear con una emoción la acentúa.
Y fue liberador descubrir que jugar con la vergüenza puede integrarla, compartirla o volverla una experiencia dulce.
El trámite para llegar a esta conclusión jamás se me hubiera ocurrido: un mameluco.

Me gustó mucho una experiencia que me compartió un paciente acerca de cómo un evento que decepcionaba una expectativa se ocupo como una pequeña vacación.

De vez en cuando nado.

En esas ocasiones trato de tener presente la técnica. No busco distancias, ni esforzarme, sino sentir que patino dentro del agua .