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Me llamo Arturo Vera
Estudie filosofía y psicoanálisis, y desde el 2007 me dedico a atender pacientes que sufren dependencia emocional o acaban de terminar una relación y no saben cómo aliviar su sentimiento de vacío.
La información que se encuentra en este espacio es producto de la relación y confianza que se ha dado con mis pacientes y con mi propio proceso.
Espero te sea de utilidad.
En momentos de dolor, frustración, impotencia o confusión, muchas veces ocurre que comparto mi malestar y, alguien que se preocupa por mí, me dice: “échale ganas” o “todo pasa por algo”.
Hay frases similares que aún cuando las comprendo a un nivel lógico, sólo incrementan mi malestar, me molesto con esa persona y me molesto conmigo…
Desde hace mucho tiempo me fascinó lo sensibles que somos al sentimiento de pérdida. Hice mi tesis de maestría de un libro que se llama: El Método, que es una versión masculina de Por qué los hombres aman a las cabronas.
No sé por qué motivo tiendo a complicarme muchas veces, pienso mucho, a veces postergo y me saturo de cosas irrelevantes perdiendo tiempo…
Cuando eso me rebasa, me acuerdo de algo que leí en algún libro de Robert Kiyosaki (Padre Rico, Padre Pobre), un acrónimo: KISS, (Keep It Simple Stupid). Creo lo tomo de referencia de algún contexto militar… Seguir leyendo KISS→
Durante la mayor parte de mi vida he tenido (y tengo) miedo a equivocarme, a fallar, a fracasar, a ser rechazado, a confirmar algo que temo. Tiendo a evadir o a posponer para protegerme…
Y funciona, sin embargo, también veo que la vida se mantiene gris cuando asumo esa postura de estatismo.
Antes de compartir el siguiente texto quiero aclarar que cualquier abuso permitido y no aclarado y resuelto me parece una falta de cuidado hacia uno y hacia el abusador que es tolerado y mantenido en ese esquema…
La semana pasada Ilse, me contó lo siguiente:
Mariana. Se llama Mariana, me dolió mucho lo que dijo…
Dijo en frente de otras compañeras de trabajo que yo no era talla chica, que era talla mediana, varias se rieron y la jefa dijo: “¿¡Perdón!?” Para que ella se callara.
Mariana respondió: “Nada.”
Más tarde, me encontré con mi jefa en la oficina de la contadora y ella me vio rara, me preguntó si estaba bien, le contesté que sí, pero ella insistió, le dije que después le diría y ella cerró la puerta y me dijo que mejor lo platicáramos de una vez.
Le conté que me había molestado el comentario de Mariana, que no sabía porque si yo no me metía con ella, ella desde que entré a trabajar aquí siempre me anda criticando. Yo vengo a trabajar, no me meto con nadie, creo que genero buenos resultados, y su comentario, no me gustó, por eso es que ando rara… Le dije.
Ella me contestó que hablaría con ella. Más tarde Mariana me mandó un mensaje de disculpa por WhatsApp. La sentí como forzada, le contesté que no había problema, aunque hasta ahora me sigue pegando eso que dijo…
Desaprender a veces es más importante que aprender
Con relativa frecuencia me preguntan si es malo algo.
Esta pregunta va dirigida a alguna emoción o experiencia que todos vivimos en algún momento y que no es socialmente cotidiana.
No creo que haya algo malo en esencia, pero creo que sí hay dolor, miedo, hostilidad. Creo que uno significa la experiencia y que la retroalimentación con el entorno nos da esa calificación de bueno o malo.
Es algo trillado el ejemplo y se puede prestar a interpretaciones sesgadas, pero un arma sirve para ocasionar dolor o para proteger.
Por mi trabajo me encuentro con frecuencia con fragilidad, con características o recuerdos que generan vergüenza, culpa y dolor…
Eso me confronta. Hace unos años hice un boletín de la belleza de las cicatrices, en el que describía que algo que refleja una herida pasada ya superada, y que convencionalmente no encaja con patrones estéticos o armoniosos, tiene su encanto porque demuestra la historia particular de alguien.
Creo que una belleza similar tienen las heridas abiertas, la patología y el trauma tiene su parte fascinante, no por el dolor, pero sí por un momento auténtico y único de la vida de una persona que encierra un recurso potencial.
Ayer disfruté mucho una película que ya había visto antes, se llama: Sólo Amigos, con Ryan Reynolds y Amy Smart.
Sin abundar en detalles, la película trata sobre la llamada “zona de amigos”, en la que un chavo trata de ser visto como pareja por una chica que le gusta.
Hasta lo que nos duele, si tenemos consciencia, tiene un sentido.
Algo que no me gusta de mí
Todos, o al menos, toda la gente que conozco, tenemos una emoción eje que por lo general no es agradable y determina la manera en que nos comportamos en la vida.
Esa emoción se hace evidente con el entorno, con lo que nos dicen que nos mueve, con lo que nos hacen, con lo que nosotros a nivel inconsciente hacemos para disfrutar o padecer.
Considero que todas las situaciones que vivimos y las personas que conocemos nos enseñan algo, y tienen un propósito en nuestra vida.
A veces se me olvida eso, cuando estoy muy feliz, o cuando me encuentro en un estado de ánimo opuesto. Sin embargo, en general, tiende a aliviarme un sentimiento de malestar en ciertas circunstancias o con alguien con quien tengo conflictos, si me recuerdo una pregunta: