
Volverme pragmático es una forma de encontrar alivio cuando una emoción desagradable me abruma.
Si le encuentro un sentido a mi agobio, lo percibo de una manera diferente y empieza a diminuir la incomodidad.
Una idea que me ayuda en esta línea es:
las emociones de baja frecuencia dan lecciones que las de alta no brindan.
El miedo, la tristeza, la angustia, la culpa, el vacío, cuando llegan en gran intensidad quiebran mi estructura y mi rutina.
Me vuelven más empático, me impulsan a pedir ayuda y a darla con más facilidad, me conectan, me empujan a probar experiencias que cuando me siento tranquilo, podrían darme flojera.
Hay que agregar que lo que cultivo en mis momentos obscuros, tendrá impacto en temporada de vacas gordas emocionales.
Escuche hace unas semanas una anécdota que describía la construcción de un centro de meditación en Nueva York.
Al director le preguntaban porque no había escogido otro lugar para su sede, y él respondió que si alguien desarrolla la capacidad de meditar en una atmósfera tan saturada, podrá hacerlo que cualquier lugar.
Esta intención se alinea con una propuesta que escuche en un curso: la de entrenar una espiritualidad todo terreno; esto se define a partir de disfrutar de lo trivial y concreto cuando corresponda y lograr integrarlo con experiencias profundas.
Esa espiritualidad tan plástica se desarrolla aunque no lo quiera o sea consciente en las etapas que mis expectativas juzgan como “malas”.
Si puedo hacer algo en mis momentos de desaliento, tendré inercia para prolongarlo con más ligereza en mis momentos de inspiración.
Otro pensamiento que reduce mi tensión cuando vivo un infierno emocional supone apreciar los sentimientos tan intensos como una oportunidad para hacer evidentes tendencias de dolor que descuidé.
Ahí está la posibilidad de sanar y trascender malestares “tolerables” que me han perseguido durante mucho tiempo: cuando el umbral de la experiencia ya no se puede gestionar.
Si veo una emoción que rechazo como alguna de las experiencias descritas arriba: como una posibilidad de explorar con más facilidad experiencias que no me doy oportunidad normalmente, como un entrenamiento para adaptarme en diversas situaciones, como una manera de conocerme, como una oportunidad para sanar temas pendientes…
Estaré capitalizado mi mala vibra y diluiré su impacto tanto por ocupar esa energía, como por encontrarle un propósito.
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Excelente, está semana me queda como anillo al dedo ser pragmático ante una emoción que siento abrumadora. Gracias.
Hola, a mi me parece que es una forma de buscar sacar algo bueno de lo malo aunque no deja de ser doloroso el momento
Gracias por la reflexión
Y más que ver el “vaso medio lleno” de forma superficial, es ver que lo doloroso, culposo, vergonzoso, temeroso de nuwstro temperamento nos posibilita el acceso a experiencias que nos enriquecen y que no es fácil asumir en momentos de tranquilidad.
Un abrazo y gracias por comentarJorge!
Qué gusto que te sirva Brenda!
En una cultura plagada de “aprovechar beneficios”, llevar esta inercia a las emociones que no nos gustan, puede resultar liberador.
Gracias por comentar!
Me llega tu entrada como un balde de agua ¿fría? en este momento de mi vida, Doc.
Justo estaba recordando cuando estaba en la vocacional y tenía un maestro de Cálculo Integral que nos ponía a resolver problemas súper complejos en las tareas diarias y en los exámenes nos aplicaba problemas de complejidad menor, la primera vez todos incluso dudábamos de si estábamos resolviéndolos correctamente por que las respuestas venían a nosotros de manera más rápida que cuando hacíamos los de un “día normal”. Creo que ni yo ni ninguno de mis compañeros habríamos estudiado si quiera problemas de complejidad media en un ambiente “normal” pero este profesor nos obligó a prepararnos para ellos.
Hoy sé que me estoy quejando de estos problemas y que el proceso de resolverlos de pronto me están dejando sin aliento pero, si me sobrepongo de ellos, el día de mañana cuando tenga otro examen es muy probable que pueda resolverlo con un poco más de ligereza.
Gracias, Arturo, por a veces pasarme las respuestas.
Tu maestro de cálculo hace lo que la vida en momentos de agobio:
Nos echa lastre encima, de tal modo, que logremos sensibilizarnos a la libertad, la ligereza ,la gratitud, la salud…
En una atmósfera de gravedad enrarecida, nuestros huesos y músculos se curten para disfrutar paseos que serían tortuosos.
Gracias por tu confianza Soledad!
Abrazo grande!
No existe mejor psicólogo en México.
Me da gusto ver el progreso que sus “entradas” han tenido.
Cada persona que entre a este blog debe saber que está en las manos correctas.
🙂
Muchas gracias por tus palabras y por tu confianza Víctor!
Espero que estés bien!