Una estrategia muy efectiva en momentos abrumadores supone el desapego de acción concreta.
No es fácil considerarla, porque estamos condicionados a la tendencia opuesta: hacer.

Una estrategia muy efectiva en momentos abrumadores supone el desapego de acción concreta.
No es fácil considerarla, porque estamos condicionados a la tendencia opuesta: hacer.


Ilusionarnos nos inspira, eso permite movimiento, pero en algún momento, esa inspiración se vuelve miedo a perder la ilusión original.
Sucede entonces una crisis, rechazamos el cambio.
Y entre más lo negamos, peor nos sentimos.
Estar abiertos a una decepción consciente, por el contrario, permite integrar. Las expectativas se vuelven menos elevadas y, en consecuencia, el apego por una circunstancia concreta, no tendrá un aterrizaje tan brusco cuando la ilusión original no sea afín con nuestros deseos.

Me doy cuenta que con mucha frecuencia me siento desorientado. Cuando surge esa sensación es muy fácil que me mueva de 2 formas:
1. Al pasado con recuerdos o al futuro con esperanzas o miedos, y:
2. Al juicio de catálogo de “lo bueno y lo malo”.
Cruzar esa línea me ocasionó caerme de la bicicleta.

Ir sentado con las manos lejos del manubrio, algo rápido, por una calle conocida, sin trafico por ser día de Super Tazón en un dia esplendoroso, así fue el escenario.
Pequé de confiado.
Con lluvia, de noche, con autos ando más atento.
Pensamientos que pasaron por mi cabeza por este evento:
Seguir leyendo La delgada línea entre la confianza y la arrogancia
Continuo con las herramientas para encontrar alivio a partir del acto de preguntar.
Ya había mencionado cómo preguntar “¿Qué gano?”, en una experiencia que de entrada nos deja vulnerables, es un recurso para mover atención, y que a partir del cambio de perspectiva que permite esta cuestión, podemos romper un sufrimiento que se vuelve exponencial, aún cuando puede que ya haya concluido un acontecimiento que nos causó dolor.
Una pregunta que va más lejos aún, es:
“¿Qué aprendo?”
4am: un mosquito zumba cerca de mi cabeza en la obscuridad.
Me irrita…
Luego pienso algo raro: ¿quieres luchar o quieres jugar con el mosquito?
Y entonces me surge otra pregunta:
¿Quieres luchar con la vida o quieres jugar con ella?
De ahí me hago otra pregunta más, que ya había pensado antes, sólo que era un reclamo retórico, ahora se vuelve una duda genuina:
“¿POR QUÉ COMPLICARME LA VIDA?”
Tiendo a ser inconforme y a cuestionar muchas de mis decisiones.
Ya hecho un movimiento, pienso que pude hacer las cosas de una manera diferente que pudo generarme un resultado más favorable que el conseguido.
Al ser el cerebro humano pesimista por naturaleza, ver el vaso medio lleno no es una tendencia natural.
Un recurso que me ayuda a entrenar una disposición hacia la satisfacción con mis ejecuciones y desapegarme de las posibilidades que ya no serán, consiste en la pregunta:
¿QUÉ GANO?
Una conclusión de pregunta frecuente en el consultorio tiene que ver con la duda acerca de si hago “bien” o “mal” las cosas.
No me encantan esos términos porque creo que son muy limitados y agregan tensión a una experiencia ya en sí conflictiva sin esas etiquetas.
Sin embargo, como parte de un proceso de aclararnos, vale la pena tomarlas como una referencia en la búsqueda de alivio.
Tan sólo cuestionarnos si estamos haciendo las cosas bien, ya supone que algo no anda muy bien.

Una forma de obtener armonía, consiste en aprender a escucharnos.

Es natural tener un discurso interno que refleja nuestra historia, nuestros deseos y nuestros miedos.
Es natural, también, que ese flujo de ideas y sentimientos se dé de una manera espontánea, por no decir, caótica. Esto provocará que algunas experiencias detonen conflictos que generan malestar y den la impresión de rebasarnos o de que si las resolvemos seremos felices.
Creo que uno de los tiranos más sutiles de nuestra paz es la urgencia/necesidad de “aprovechar”.
Es prima-hermana de la urgencia/necesidad de “ser productivo”.
Aún cuando la intención de ambas ideas es la realización personal y la plenitud, si se adoptan como reglamentos superficiales, son fórmulas garantizadas para la insatisfacción.
