¿QUÉ GANO?

Tiendo a ser inconforme y a cuestionar muchas de mis decisiones.

Ya hecho un movimiento, pienso que pude hacer las cosas de una manera diferente que pudo generarme un resultado más favorable que el conseguido.

Al ser el cerebro humano pesimista por naturaleza, ver el vaso medio lleno no es una tendencia natural.

Un recurso que me ayuda a entrenar una disposición hacia la satisfacción con mis ejecuciones y desapegarme de las posibilidades que ya no serán, consiste en la pregunta:

¿QUÉ GANO?

Así como el cerebro es paranoide en esencia, también es preguntón. Le encantan los problemas y las preguntas que pueda descifrar.

Así que preguntar “¿Qué gano?”, aprovecha una de sus inercias, en lugar de seguir el caminito de la comparación y el hubiera, agarro otro de sus senderos bien recorridos, el de buscar respuestas, sólo que yo decido ponerle un mínimo de orientación a esa pregunta.

“¿Qué gano?” Obliga a mirar desde un ángulo diferente una experiencia. En lugar de simplemente “ser positivo”, genero una intención bien definida: pregunto para mirar hacia beneficios.

Cuestionar desde esta perspectiva genera consciencia. Ya no iré tan desbordado con la insatisfacción, agarraré un cambio de trayectoria y me iré de boca con la curiosidad, una curiosidad orientada que me saqué del “hubiera”.

Hay un detalle a considerar con esta práctica: hacer una pregunta auténtica, t tener cuidado de no usar el “¿qué gano?” como un reclamo.

Para ver un análisis más profundo de esta pregunta, puedes revisar el post: ¿Por qué tropiezo con la misma piedra?

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