¿Qué aprendo?

Continuo con las herramientas para encontrar alivio a partir del acto de preguntar.

Ya había mencionado cómo preguntar “¿Qué gano?”, en una experiencia que de entrada nos deja vulnerables, es un recurso para mover atención, y que a partir del cambio de perspectiva que permite esta cuestión, podemos romper un sufrimiento que se vuelve exponencial, aún cuando puede que ya haya concluido un acontecimiento que nos causó dolor.

Una pregunta que va más lejos aún, es:

“¿Qué aprendo?”

 

Pues trasciende lo utilitario, y la dicotomía de la malo-bueno.

Usar estas palabras en circunstancias que califico como adversas, me permite empezar a mover energía, aún  con más fluidez que “¿qué gano?”, ya que una lección no se aleja tanto de la neutralidad que es una zona libre de juicios: terreno emocional que se distancia del sufrimiento.

Por otro lado, buscar aprendizajes en momentos “exitosos”, me ayuda a aterrizar y romper el ciclo de que la letra (y otras experiencias) con sangre entra.

Rastrear aprendizajes en “malos” y “buenos” momentos es una herramienta de consciencia.

Comienza a frenar la incomodidad de una experiencia que no se ajusta con mis expectativas, y permite reciclar situaciones que consideramos favorables, al asumir mi participación responsable en algo.

Cuando algo que te encantó suceda, procura integrar a tu satisfacción rastrear algun aprendizaje, incorporarás, de este modo un bono a tu experiencia…

Y, más práctico aún resulta que cuando sientas que algo te lastima, también hagas un esfuerzo por alejarte del sufrimiento y te preguntes: “¿Qué aprendo?”

Desde esa perspectiva comenzarás a cultivar alivio, claridad y ruptura de patrones que no te complacen.

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