Cómo saber que haces algo “mal”

Una conclusión de pregunta frecuente en el consultorio tiene que ver con la duda acerca de si hago “bien” o “mal” las cosas.

No me encantan esos términos porque creo que son muy limitados y agregan tensión a una experiencia  ya en sí conflictiva sin esas etiquetas.

Sin embargo, como parte de un proceso de aclararnos, vale la pena tomarlas como una referencia en la búsqueda de alivio.

Tan sólo cuestionarnos si estamos haciendo las cosas bien, ya supone que algo no anda muy bien.

Cuando no tenemos dudas, fluimos, disfrutamos, nos perdemos en la experiencia.

Por el contrario, cuando surge alguna emoción desagradable, brota esa necesidad de aclararnos acerca del “bien y del mal”.

Hace un par de años encontré un criterio que me aligera mucho, y supone cambiar esos juicios de “bueno-malo” por la idea:

me funciona-no me funciona

Ya eso nos saca del terreno de la moral abstracta a la aplicación práctica de nuestras emociones.

En general, si hacemos algo (y si lo repetimos) es que en algún punto nos funciona.

Pero si empieza a generarnos tensión una experiencia, eso implica que la cuota de “funcionalidad” es cada vez más elevada. Ahí aparece el estrés, la culpa, la ansiedad, y emociones aledañas.

Cuando me siento “mal”, pienso que acabo de recibir una brújula para orientarme.

Encuentro un punto para aprender, descubrir o crear.

Si veo la dualidad “bien y mal” como un mapa, en lugar de verlo como una presión, puedo actuar con más ligereza.

Es legítimo, preguntarnos si estamos haciendo algo “bien”, cuando algo en nuestro interior nos hace ruido, sólo  creo que hay que tener cuidado con agarrar esa duda para maltratarnos, cuando podemos utilizarla como una herramienta de orientación y consciencia.

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