
Por mi trabajo me encuentro con frecuencia con fragilidad, con características o recuerdos que generan vergüenza, culpa y dolor…
Eso me confronta. Hace unos años hice un boletín de la belleza de las cicatrices, en el que describía que algo que refleja una herida pasada ya superada, y que convencionalmente no encaja con patrones estéticos o armoniosos, tiene su encanto porque demuestra la historia particular de alguien.
Creo que una belleza similar tienen las heridas abiertas, la patología y el trauma tiene su parte fascinante, no por el dolor, pero sí por un momento auténtico y único de la vida de una persona que encierra un recurso potencial.







