Observa – respira

En momentos de ansiedad, me digo: “Observa, respira”.

Observa lo que pasa en tu interior: cómo te peleas, cómo te obligas a ser congruente o maduro sin éxito, cómo tratas de justificarte contigo mismo para dejar de sentir culpa, cómo analizas compulsivamente o te aferras a algo  que ya no es…

Procuro no reprimir esas batallas mentales, pero tampoco actuar impulsivamente para tratar de resolverlas. Me quedo quieto o me muevo muy lento (para regular con serenidad física mis revoluciones internas) y observo lo que pasa en mi interior: argumentaciones, discusiones, fantasías de pérdida o de autosabotaje… lo que venga y respiro.

Duele, pero he notado que duele más si trato de controlarlo.

Veo esos momentos de ansiedad como un entrenamiento mental, emocional y espiritual.

Al menos tengo claro lo que no haré: ver el celular, o cualquier otra pantalla si estoy muy ansioso, pues en el mejor de los casos ganaré un poco de tiempo con evasión-distracción y después vendrá más ansiedad que antes.

Por el contrario: si me aquieto y observo y respiro mi insomnio, mis expectativas, mis incongruencias, mis errores, mis culpas, mis urgencias, mis críticas, mis apegos. Sin frenarlos, pero tampoco dándoles estímulos o movimiento compulsivo  para que se amplifiquen, me he llevado algunas veces la sorpresa de la serenidad en medio de un ataque de angustia, o he descubierto como una ola de malestar tiene caducidad pronta, si no la alboroto más con intentos inmeditatos y superficiales de resolverla.

En un momento de observar y respirar mis incomodidades internas, me surgieron las siguientes orientaciones:

“¿Qué quiero?” (¿Qué de verdad quiero? No una reacción o reflejo, sino algo más esencial.)

“¿Qué duele?” (¿Qué me enoja, pero en realidad es otro sentimiento?)

“¿Qué  alivia?” (¿Qué experiencias  muy mías me reconfortantan pero las minimizó porque no se ajustan con convenciones sociales como dinero, reconocimiento, jerarquía, logros profesionales…?)

Tú tendrás tus preguntas, tus orientaciones, tus necesidades y deseos mas profundos y auténticos si te entrenas en momentos de reposo y silencio. Y los vacíos de la ansiedad son un terreno muy fértil para poner atención.  Porque ansiosos estamos teniendo un amplificador de nuestra naturaleza más  básica.

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