Me perdono, me celebro, agradezco

En una noche de insomnio en la que me ponía cada vez más ansioso pensando en temas de pareja, de salud y económicos, me ayudó a romper esa inercia paranoica una triada:

perdonarme,  celebrarme o agradecer…

Voy de la última práctica a la primera:

La idea de agradecer la vivo como una ritual diario de dar gracias por escrito de 3 cosas al día, eso me ayuda a enfocarme en algo que me anime y me deje ver que la vida es neutral y que tengo el control para acentuar una interpretación que me inspire.

En la noche si no puedo dormir y empiezo a preocuparme,  agradezco de entrada que puedo respirar, en automático jalo aire, recuerdo que hace 1 año estaba enfermo y en las noches de frío me daban ataques incontrolables de tos,  y siento gratitud por tener lo más esencial en este instante: aire en mis pulmones.

De ahí me resulta fluida la inercia para agradecer que hoy tengo más dinero del que necesito, que tengo trabajo y disfruto de él, que puedo caminar y sigo agradeciendo con lo que se me pase por la cabeza.

 

 

Celebrarme: viene de cachar lo crítico que puedo llegar a ser y cómo me comparo y minimizo lo que vivo.

En contraste,  exploro lo opuesto.

Verbigracia, si juzgo que soy dramático con mí novia, pe pronto recuerdo que no la intenseo con mensajes o llamadas, aún cuando tenga alguna emoción que me abruma,  me reconozco no ser invasivo.

Si gasté en algo y me viene remordimiento, me celebro que no incurro en créditos para pagar las cosas que quiero.

Busco encontrar alguna evidencia que amortigüe mi malestar y rompa una espiral de evaluaciones de imperfección.

 

Perdonarme

Es una idea que, si soy sincero, sigo sin acabar de entender pero me ha regalado alivio en momentos de dolor.

No es un perdon moral, que pretende una reparación o reconocimiento externo, sino que es una intención de bajarle a mi severidad con pensamientos, sensaciones y decisiones que generaron algún desenlace que me lastimó.

Perdono, por ejemplo, mis juicios, mis expectativas, mis análisis excesivos, mi dificultad para respirar, mi estómago revuelto, mi taquicardia, mi ansiedad, mis fantasías catastróficas, mi insomnio, mis interpretaciones…

De todo esto, cuando mi cabeza divaga sin control, me ayuda pensar sólo en agradecer, perdonar o celebrar UNA COSA.

No hacer una lista, eso me resulta muy pesado si ya llevo una racha de pensamientos desgarradores.

Sólo PERDONARME UNA COSA, o sólo AGRADECER UNA COSA, o sólo CELEBRAR UNA COSA.

Ahí empiezó a encontrar paz cuando viene un ataque de ansiedad, de culpa o de miedo.

Y si quiero contratar una póliza de seguro emocional, procuro entrenar el perdón con pequeños inconvenientes cotidianos o en momentos de tranquilidad agradecer y celebrarme trivialidades.

Ahí construyo inercia en optimismo consciente.

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