Mis miedos infantiles que que creo preocupaciones adultas

Una paciente me contaba de su sobrina…

Tiene 12 años y su mamá  le encontró un hueco en el cuero cabelludo…

Al parecer se estaba rascando por ansiedad.

Le preguntaron qué la preocupaba.

Ella respondió que dejar de estar en la escolta, bajar su promedio, no seguir su asistencia a un montón de clases extra que toma, como telas, cocina y dibujo.

 

Mi paciente le dijo a su hermana que no la presionará tanto.

Ésta le respondió que nadie le exigía,  ni la obligaba a nada, que era ella sola la que se agobiaba aún cuando los papás le sugerían que estaba haciendo demasiadas cosas.

 

Mi paciente le dijo que era desconcertante cómo nos exigimos tanto en la escuela y que muchas veces resulta que el que menos se esforzaba o reprobaba, ahora termina siendo el jefe del matado…

 

Y yo me quedé pensando en que a lo mejor soy como su sobrina de 12 años…

 

Que me estreso de más y ocupo la misma plantilla de presión que a los ojos de un adulto que ya concluyó esa etapa parece tan frívola…

 

La misma historia de terror sólo cambia los monstruos…

antes era Jason de Viernes 13, ahora es la nueva versión de Michael Myers de Halloween…

 

Antes era reprobar, bajar el promedio, que mi papá o un maestro se enojara conmigo por no cumplir expectativas…

 

Ahora es no ahorrar suficiente para la vejez, o no pagar la hipoteca o la renta, no “explotar mi potencial”,  o no tener una vida equilibrada…

 

La misma película de terror que a ojos de un espectador externo no es más que una ficción exagerada con la que se come unas palomitas, pero que para el protagonista es una preocupación adulta y responsable que es igual de rigurosa que el estrés de un niño en la escuela que no se da cuenta de que no es tan importante lo que tanto le asusta que pase.

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