Hace unas semanas compré un par de libros, el siguiente me dejó una metáfora muy padre que considero en momentos en los que no me siento bien:

Hace unas semanas compré un par de libros, el siguiente me dejó una metáfora muy padre que considero en momentos en los que no me siento bien:

Una solicitud frecuente que hallo en el consultorio (y que yo mismo me demando) es:
Quiero estar bien.
El problema con esta frase es su ambigüedad, pues: ¿Qué es “estar bien”?
La respuesta más sencilla es: quiero dejar de sentir algo desagradable, llámese: dolor, tristeza, angustia, vacío… Seguir leyendo ¿Comodidad o alivio?
¿Qué quiero?
Es una de las preguntas más difíciles de contestar. Podemos tener consciencia de ciertos caprichos pasajeros, o de lo que ya nos hartó, pero tener la claridad y coherencia a largo plazo de ¿QUÉ QUIERO? es una incógnita cotidiana.
Es mucho más fácil saber qué no quiero. Por contraste podemos entonces definir lo que sí queremos; sin embargo, esta vía es dolorosa y no da contorno a nuestros deseos más genuinos, sino a una evasión de un bache en nuestra historia.
Creo que hay una manera más amable de darle forma a nuestro “qué quiero” más profundo. Doy un ejemplo a continuación.
Los inicios y conclusiones de ciclos son estimulantes oportunidades para modificar inercias que nos frustran.
A veces soy muy cuadrado…
Y si me pongo muy estricto con una dieta o un entrenamiento, gente que me quiere me dice para que coma algo rico o descanse: “no es todos los días, date chance.”
Me pasa con frecuencia que darme chance hace que me vaya a otro lado y me atasque de golosinas o empiece a haraganear. Ahí ya es tarde para darme cuenta de que caí redondito en el engaño de “¿Qué tanto es tantito?”
Es una versión personal del slogan de Sabritas con respecto a que no puedo comer sólo una.
Hay un detalle interesante en está inercia saboteadora que empieza por un permisito, y consiste en que esa fórmula puede ser bidireccional, es decir, podemos vendernos la idea de que será “sólo una vez” cualquier cosa, tanto algo favorable a nuestro desarrollo como algo nocivo.
Hay una pregunta que me hacen los pacientes (y yo mismo me la hago) con frecuencia:
“¿es malo enojarse?”
Y yo contesto: “No es malo, ni bueno, es práctico.”
De eso trata este post: de la utilidad del enojo…
Hace rato escuchaba a mi maestra.

Ayer una amiga me enseñó un tatuaje con unos signos extraños, le pregunté qué significaban. Me contestó:
“Si tienes un porqué para vivir encontrarás el cómo.”

Porque nuestra percepción es más lenta que nuestra evolución. Seguir leyendo ¿Por qué nos sentimos más jóvenes de lo que en realidad somos?
Tiendo a castigarme de manera frecuente.
Cuando hago algo pienso que pude haberlo hecho mucho mejor. A veces cuando tengo un resultado afortunado siento que fue suerte en lugar de una consecuencia natural de un esfuerzo previo.
Con el trato de pacientes me doy cuenta que es frecuente que tengamos dudas de nosotros y nuestro buen desempeño (véase el síndrome del impostor). Seguir leyendo Prémiate