¿Qué quiero?
Es una de las preguntas más difíciles de contestar. Podemos tener consciencia de ciertos caprichos pasajeros, o de lo que ya nos hartó, pero tener la claridad y coherencia a largo plazo de ¿QUÉ QUIERO? es una incógnita cotidiana.
Es mucho más fácil saber qué no quiero. Por contraste podemos entonces definir lo que sí queremos; sin embargo, esta vía es dolorosa y no da contorno a nuestros deseos más genuinos, sino a una evasión de un bache en nuestra historia.
Creo que hay una manera más amable de darle forma a nuestro “qué quiero” más profundo. Doy un ejemplo a continuación.
