En contraste con el escrito anterior que brinda motivos para mentir.

Este escrito explica por qué decimos la verdad.
En contraste con el escrito anterior que brinda motivos para mentir.

Este escrito explica por qué decimos la verdad.
Es parte del ser humano renegar de ciertas características que durante la mayor parte de su vida le han generado incomodidad.
A esas cualidades las llamamos “defectos”.

Todos sabemos nuestros “defectos” y luchamos por deshacernos de ellos.
Seguir leyendo Tus defectos son tus virtudes
Me doy cuenta que cuando estamos en alguna situación incómoda buscamos, sin darnos cuenta, enojarnos.

Creo que es bueno tener intenciones claras y moverse.
Es saludable tener objetivos y dirigirse a ellos.
Pero cuando una emoción es muy intensa y los movimiento son erráticos. Cuando uno siente que no tiene sentido hacer nada porque sólo se incrementa el malestar.
Creo que la opción más saludable es pedir tregua a la vida y rendirse. Dejar de hacer, dejar de pensar, dejar de reclamar, dejar de autocompadecerse, dejar de compararse, y sumergirse en la emoción de ese instante por más desagradable que sea, asumirla.

Es fácil comprender las necesidades de otra persona cuando uno ha vivido algo parecido o cuando uno no está rebasado por alguna emoción desagradable como el enojo, los celos, la angustia o la envidia.

¿Pero cómo comprender a alguien que es por completo diferente a ti..?
¿Y qué hacer si, además, te encuentras viviendo sentimientos desagradables en relación con la otra persona, lo que hará mas difícil la empatía?
Creo que parte de la riqueza de la vida la supone el contraste. Los opuestos nos permiten definir y valorar. Sin tristeza nos sabríamos lo que es la felicidad, ni sin el dolor tendríamos claro el placer.
Anoche platicaba con un paciente y me di cuenta de una experiencia similar que atravesaba y se asemejaba a lo que me compartió en terapia la persona que atendí antes de él.
Estamos programados para luchar, para “echarle ganas”.
Hace un tiempo vi a una persona deprimida.
Dormía, se refugiada en su cama y no quería enfrentar la realidad.
Desde hace tiempo me pregunto porque me resulta ser más sensible a lo negativo, a ver lo malo a “bajonearme”, con más facilidad que a ver las cosas buenas que me rodean.