Durante mucho tiempo me peleé con la idea:
“No te compares”
También con sus derivados: “De nada sirve compararte”, “Cada quien es único”…
Y entre más trataba de alinearme con esa intención de no compararme, más me frustraba, porque seguía comparándome, pero con el agregado de sentirme defectuoso por no poder seguir el “sentido común”.
La idea de que “debería dejar de compararme”, sólo arraigaba esa experiencia: más me comparaba.








