En frecuencia, la lista que presento a continuación representa los motivos de porqué yo he ido con un psicólogo o porqué me han buscado:
1. Para orientarnos.
2. Para desahogarnos.
3. Para sentirnos escuchados.
4. Para mejorar nuestra comunicación / relación con otros.
5. Para mejorar la relación con nosotros mismos.
6. PARA ESCUCHARNOS.

1. Para orientarnos.
Resolver una emoción o situación que nos rebasa es el objetivo que considera este inciso.
Existe el aforismo de: cuando el discípulo está listo, el maestro aparece. Y creo que la angustia, el dolor y la frustración por no poder obtener resultados nuevos, son maestros óptimos.
Las emociones desagradables y las crisis quiebran nuestra identidad y prioridades. Nos obligan a cuestionarnos y ser receptivos.
Cuando sentimos control de nuestras vidas nuestra disposición a probar patrones nuevos es mínima.
Por el contrario, cuando algo nos abruma y no podemos manejarlo estaremos listos para escuchar, para hacer cambios y para aprender.
2. Para desahogarnos.
El segundo motivo de porqué vamos a terapia después de reconocer que no sabemos qué hacer.
Todo es energía y, a veces, carecemos de la consciencia de su manejo.
Explotamos o sentimos ansiedad porque acumulamos y nos termina empachando, nos deprimimos porque no sabemos como nutrirnos emocionalmente.
Hablar nos permite un desagüe energético.
No es tan eficiente como actuar lo que necesitamos expresar, pero casi.
Múltiples ocasiones he salido de terapia más ligero y creo que es un fenómeno frecuente en quien vive este proceso.
Un consultorio de atención psicológica desarrolla una atmósfera que está hecha para que hablemos y, de esta manera, disminuyamos nuestro lastre interno.
3. Para sentirnos escuchados.
Además de la pura catarsis, un elemento que nos organiza, implica no sólo eviscerar nuestras cargas emocionales, sino también ir más allá de hablarle a la pared, a un espejo, o pegarle a una almohada.
Es más cotidiano sentir la necesidad de hablar que de escuchar. Por lo mismo, es algo complicado sentirnos escuchados.
Sentir que me escuchan implica conexión, atención a lo que digo, empatía, intercambio. Es una retroalimentación que me estructura.
Creo que este motivo y los que vienen escritos abajo son menos claros o no se pretenden cuando buscamos el apoyo de un terapeuta, pero cuando los vivimos (sentirme escuchado, mejorar mi relación conmigo y con otros, y tener la oportunidad de escuchar mis pensamientos en voz alta) el valor de ir a terapia comienza a hacerse más evidente.
4. Para mejorar nuestra comunicación / relación con otros.
Una definición de terapia que me sorprendió cuando estudiaba la maestría es la de “simulacro”.
La interacción que se da entre un paciente y un terapeuta es un microcosmos social que va a revelar la manera en que el paciente se vincula con su entorno.
Si manipulo, me hago víctima, seduzco, busco aprobación, idealizo para después devaluar, si me relaciono superficialmente con mis conocidos, voy a hacer los mismo en terapia aunque no tenga esa intención consciente.
La ventaja de la comunicación con un psicólogo permite ir un poco más lejos de las convenciones y sesgos sociales que cristalizan nuestra manera de ver y actuar en el mundo.
En este sentido la terapia también es un campo de entrenamiento que nos permite darnos cuenta de nuestros recursos sociales con sus respectivas posibilidades y limitaciones, mientras nos ayuda a incorporar nuevas herramientas vinculares.
5. Para mejorar la relación con nosotros mismos.
Va de la mano con el punto anterior, la manera en que tratamos y nos tratan es un reflejo del mundo interno.
Nos involucramos en relaciones de maltrato que reflejan nuestros niveles de agresión interna.
Una declaración muy fuerte que leí en La Maestría del Amor de Miguel Ruíz, expresa que no vamos a tolerar más dolor externo del que nosotros mismos nos infligimos. Esto significa que si estoy en una relación que me lastima, es porque una parte de mí busca castigarse o porque desconoce una experiencia distinta al abandono, chantaje, manipulación o dolor.
El espacio de terapia me permite darme cuenta del diálogo que tengo en mi interior y del cual muchas veces no me doy cuenta por lo abstracto y silencioso que es, sin que ese sigilo deje de impactar en cómo me siento.
Si hago conscientes mis peleas internas, aprenderé a negociar conmigo y, también, a anticipar mis autosabotajes.
6. PARA ESCUCHARNOS.
Existe la idea que cada vez me convence más acerca de que tenemos una sabiduría interior que nos puede guiar con eficiencia por la vida para ser felices.
Por desgracia, existe una saturación de estímulos, expectativas y convenciones que aturden nuestra voz interior.
Cuando he tenido una conversación profunda y prolongada en la que me siento escuchado, empiezo a sentir alivio y dejo de sentirme abrumado.
Estas condiciones me permiten darme cuenta que yo sé lo que tengo que hacer…
Y más aún, empiezo a reconocer que sé cómo hacer eso que tengo que hacer.
Escucharme a mí mismo, disminuir el ruido externo, es una experiencia que se logra en terapia; encontrar mis propias respuestas para asumir mis responsabilidades con ligereza y confianza.
Escucharme con consciencia abraza todas las posibilidades antes descritas:
mejorar mi comunicación conmigo y, en consecuencia, con los demás;
dejar de sentir la urgencia por sentirme escuchado (e incrementar las posibilidades de lograrlo cuando los demás no sienten que los utilizo para echarles mis cargas emocionales), desahogarme y comprenderme,
y orientarme al escuchar mi propia voz interna y externa cuando me sienta abrumado.
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