
Esa frase me la compartió mi hermana.
Me dijo que su esposo y ella la toman como referencia para enseñar a mi sobrino.
No la conocía, pero me pareció esencial y práctica.

Esa frase me la compartió mi hermana.
Me dijo que su esposo y ella la toman como referencia para enseñar a mi sobrino.
No la conocía, pero me pareció esencial y práctica.

Barrer, lavar, doblar ropa, comer con calma, cocinar, desplazarse, dormir, bañarse… respirar.
Lo pequeño cotidiano carente de glamour, es el fundamento de nuestros objetivos más ambiciosos.


Se me ha dado dormir poco la mayor parte de mi vida, con su respectiva cuota de cansancio.
A finales del año pasado me encontré con una idea recurrente: el descanso es indispensable para una vida armónica; en consecuencia, robarle horas al sueño merma la felicidad y la salud.
Comencé a darle más atención a mis horas de sueño, pero al hacerlo por un sentido de obligación, me estresaba y más trabajo me costaba dormir.
Una estrategia que me funcionó, y que no había hecho consciente aún cuando la había experimentado en algunas vacaciones fue tomar siestas.

Terminé de leer el libro de arriba, me pareció muy oportuno con temas de pandemia, vacunas y manejo de incertidumbre.
Este texto considera el papel de la sugestionabilidad como una herramienta para potenciar o sabotear nuestra salud.
4am: un mosquito zumba cerca de mi cabeza en la obscuridad.
Me irrita…
Luego pienso algo raro: ¿quieres luchar o quieres jugar con el mosquito?
Y entonces me surge otra pregunta:
¿Quieres luchar con la vida o quieres jugar con ella?
De ahí me hago otra pregunta más, que ya había pensado antes, sólo que era un reclamo retórico, ahora se vuelve una duda genuina:
“¿POR QUÉ COMPLICARME LA VIDA?”