Manguitos con chamoy.
-Amor, ¡¿En serio te vas a tomar eso?!
Me veía con los ojos abiertos con una mezcla de intriga y repulsión.

-Sí… Me gusta, está muy rico…
¿Qué chingados hago aquí?
Me llegó un correo de una persona que aprecio mucho en respuesta al escrito anterior que decía algo:
El álbum de estampitas de mi vida está lleno de muchas que quizás no quería pero de las que he aprendido mucho. Pensando en las experiencias que he tenido, más de una vez me he encontrado en un lugar o en una posición donde me pregunto muy seriamente: ¿Qué chingados hago aquí?… […]

El álbum de estampitas
Colección de tarjetas de 1992, iba en cuarto de primaria.
Antier leí algo en una de mis libretas, y justo la semana pasada tocaba el mismo tema con un amigo: el de la vida reflejada en la metáfora de un álbum de estampitas.
Del martes para acá quedé fascinado con los videos y la historia de un director y personaje bastante popular en Youtube…
¿Qué te dirías?
Hoy en la mañana me llegó un correo que decía algo como:
Imagina que la vida es un baile, tú bailas con ella, tú escoges el baile, el salón, pero el paso lo pone ella, y aunque hay momentos que separados parecen imperfectos, cuando ves el baile en su conjunto, todo cobra sentido. Así pasa con los momentos de incertidumbre y de dolor, son un paso en una secuencia mucho más amplia, llena de color y armonía.

Todos tenemos un llamado
Creo que todos tenemos un talento (o varios), un genio interno, un impulso. Algo que nos emociona y que no nos cuesta trabajo, algo por lo que se nos olvida la aprobación, el dinero, el tiempo y nos vuelve niños despreocupados sin importar nuestras circunstancias externas presentes…
A veces lo olvidamos, pero lo recordamos cuando vemos una película que nos inspira o cuando le platicamos a alguien con pasión de un bonito recuerdo, o cuando leemos algo que nos atrapa, o cuando una canción no abandona nuestra cabeza.

La semana pasada leí un texto intitulado: El Arte de dejar que pasen cosas malas.

Este fragmento viene en La semana laboral de 4 horas de Tim Ferriss. Lo que se menciona con ese discurso es que nos obsesionamos con la perfección y terminamos frustrados o exhaustos. Una manera de resolver esto según el autor es tener claras las prioridades de nuestra vida y dejar que las cosas que son irrelevantes sean pospuestas.
Es normal que de repente perdamos dinero u ocasionemos algún disgusto, pero más allá de clavarnos con lo que hacemos mal o dejamos de hacer, el objetivo es sentir tranquilidad con lo que esté hecho, ya no digamos bien, o perfecto, sino “hecho”.
La desventaja de “echarle ganas”
En momentos de dolor, frustración, impotencia o confusión, muchas veces ocurre que comparto mi malestar y, alguien que se preocupa por mí, me dice: “échale ganas” o “todo pasa por algo”.
Hay frases similares que aún cuando las comprendo a un nivel lógico, sólo incrementan mi malestar, me molesto con esa persona y me molesto conmigo…