“No hay un mal entrenamiento”.
Es una idea recurrente que ya he mencionado antes y que me ayuda a moverme cuando no ando al 100, cuando me lesiono, cuando pierdo dinero, cuando suelto hábitos que me enriquecen.
“No hay un mal entrenamiento”, se refiere a que una vuelta a la calle, 1 peso ahorrado, un acercamiento torpe en un momento de silencio resentido… son ejecuciones que para mi parte lógica no tienen sentido, pero que a la parte emocional le brindan 2 beneficios:
1) identidad, a partir de una acción concreta, y:
2) inercia, para dar continuidad a algo que se mermó o arranque a algo que parece abrumador.
Hace unas semanas me encontré con un agregado a la idea de que no hay mal entrenamiento…
En realidad siempre hay un entrenamiento, sólo que no vemos hacia dónde se orienta la inercia. Si compro, dejo de ahorrar; si soy indiferente, dejo de ser empático. Siempre hay un hábito que se cultiva con acción u omisión.
