Archivos de la categoría Cómo superar una ruptura

Cómo superar una ruptura de una relación de pareja, cómo disminuir el sentimiento de vacío, el dolor y la incertidumbre.

Psicólogos DF: Lecciones que no queremos



Lecciones que no queremos

Hace una semana fui a dos cumpleaños en un mismo día, una comida, y luego una fiesta.

Ocurrió una extraña coincidencia…

Las festejadas, sin conocerse, me dijeron algo parecido con unas horas de diferencia. Seguir leyendo Psicólogos DF: Lecciones que no queremos

Psicólogos DF: La bendición de perder la memoria

La bendición de perder la memoria



Jerome Frank

Jerome Frank fue uno de mis profesores en John Hopkins, un pionero en la terapia de grupo, y mi guía en ese campo. Además durante toda mi vida fue un modelo de integridad personal e intelectual. Después de graduarme, seguí en estrecho contacto con él, visitándolo durante su gradual declinación en un hogar para ancianos de Baltimore.

Seguir leyendo Psicólogos DF: La bendición de perder la memoria

Psicólogos DF, dependencia emocional: APRENDE A DEPENDER



APRENDE A DEPENDER

Muchas veces escucho, y seguiré escuchando: “No quiero volver a depender.”

Seguir leyendo Psicólogos DF, dependencia emocional: APRENDE A DEPENDER

Psicólogos DF: Cómo sufrir con éxito



Cómo sufrir con éxito

Me gusta y me disgusta ese título, me gusta porque tiene impacto, me disgusta porque mi intención es la opuesta: aprender a disfrutar.

El sábado una amiga me compartía que ella disfruta más ahora que antes, que ella es más feliz ahora que antes. Me gustó mucho escucharla y darme cuenta de lo congruente que es, contagia su entusiasmo.

Al escucharla me puse a pensar que en el trato cotidiano hay una serie de reglas que nos permiten sufrir con mucha eficiencia. Una serie de reglas que si se siguen y se ejecutan varias veces al día crearán un infierno todos los días. El problema es que no nos damos cuenta que todos los días a todas horas, en vacaciones o en actividad, en casa o en el trabajo, solos o acompañados, en silencio y en pláticas… no dejamos de entrenarnos en sufrir.

He aquí el manual para conseguir un sufrimiento crónico:

1. QUÉJATE.
En todo momento, encuentra las deficiencias, ve los defectos de todo lo que puedas, y sí lo acompañas con frustración e impotencia, ¡qué mejor! Perdón, ¡qué peor!

2. COMPÁRATE.
Piensa en todo lo qué harías si tuvieras el dinero, la apariencia, la inteligencia, las oportunidades que los otros tienen. Afirma que la vida es injusta y que tú tienes una serie de obstáculos que la mayoría no tiene.

3. COMPITE.
Va de la mano con la anterior; Mira tu desempeño y evalúalo con el de los demás, recuerda otros instantes de tú vida y menciónate que no estás en tu mejor momento, este punto nos lleva al siguiente que es:

4. EXÍGETE.
Tienes que dar más, tienes recursos que la mayoría no tiene, tienes que ser más eficiente, tienes que ahorrar más, podrías ser y hacer más y en el fondo lo sabes. Duerme menos, disfruta menos y tómate la vida en serio.

5. ARREPIÉNTETE.
Este se divide en dos apartados, según personalidades:

A) De lo que haces.
Piensa en que tus errores son catastróficos, que son imposibles de reparar, que tus acciones han dejado cicatrices profundas e imborrables en otras personas. Asume que podrías estar mucho mejor si no hubieras ejecutado tus decisiones pretéritas y azótate por ello.

B) De lo que no haces:
El verbo favorito es haber… “Hubiera”, arrepiéntete por perder tus sueños y tus fantasías, por no atreverte, por preocuparte por la opinión de los demás, por temer a hacer el ridículo, por temor al fracaso o al rechazo. La joya de la corona es ver a otros que sí se arriesgan y obtienen lo que tú no te atreviste a conseguir.

En contraposición al manual del sufrimiento crónico que muchas veces entrenamos sin darnos cuenta, se encuentra otro que se llama:

Manual del Hedonismo compartido, y sus principios son los siguientes [NOTA: también conviene entrenarlo tanto o más que el manual anterior, Roma no se hizo en un día]:

1. RECIBE.
Todo lo bueno que la gente te brinde, aunque sea pequeño, aunque no te lo creas. Eres una persona valiosa, digna de recibir. Cuando alguien te diga algo bueno de ti, no te justifiques, ni lo minimices. Cuando alguien tenga un acto de gentileza contigo, controla el pensamiento súbito de que esa persona tiene una intención oculta, a lo mejor sí, pero aprovecha esa ocasión para entrenarte en recibir, te hará bien.

2. PIDE.
Nos preocupa pedir por temor a sentirnos comprometidos, cuando muchas veces quienes nos rodean están deseosos te compartir, apoyar o ayudar. Pide lo que quieres con amabilidad y empatía, te va a sorprender lo gratificante que puedes ser para otra persona darte lo que pides.
Y si no te dan lo que pides, no pasa nada, te ejercitas en tolerar la frustración y saber que sobrevives y no duele tanto conseguir inmediatamente lo que quieres, incluso hace más gratificante el proceso.

3. AGRADECE.
Es el opuesto a quejarse. Si te quejas te vuelves una persona observadora de todas las deficiencias para poder quejarte más, necesitas hacerlo. Si agradeces, te programas para encontrar y fomentar más cosas buenas y bellas por las cuales agradecer. Además la gratitud estimula a la gente que te da algo a brindarte más.

4. FLUYE.
No necesitas demostrarle nada a nadie, ni a tu propia mismidad. No estoy diciendo que botes tus responsabilidades y tu trabajo actual si son insatisfactorios. Pero sí, que te hará más fácil la vida, si defines qué te hace sentir bien y en que tienes una disposición notable, por el puro placer de vivir la experiencia. A eso, que te gusta hacer por el puritito gusto, dedícale tiempo, dinero y energía.

5. COMPARTE.
Se dice que las penas con pan son menos… las lágrimas compartidas se secan más rápido. En oposición a esto, no deja de impresionarme que una experiencia agradable compartida, en risa, plática, comida, la vivencia que sea, se amplifica notablemente cuando estás con otra persona. Así es que comparte, no dejes que otra persona o personas se pierdan lo mucho que sabes, sientes o has vivido, y no te cierres a lo que otras persona te pueden aportar, sin importar su género, nivel de estudios académicos o su posición económica.

6. ASÓMBRATE.
De la tecnología, de todo lo que puedes hacer, de todo lo que tienes. De las bendiciones de la vida, de que puedes sentir muchas emociones, de que puedes decidir si te sientes bien o te sientes mal, de que eres una persona libre, asómbrate de todo lo que puedas, el tedio incentiva el sufrimiento crónico.

7. DISFRUTA.
De todo, del frío, del calor, de la multitud… Ríete de situaciones que hubieras pensado grotescas. Aprende a valorar la gratuidad. Disfruta de cosas pequeñas, te van a entrenar para saborear más intensamente grandes placeres y a evitar el vacío que a veces llega después de un estímulo muy fuerte.

Psicólogos y terapia de pareja en línea en la Ciudad de México Distrito Federal, DF, CDMX, Colonia Narvarte, Benito Juárez.

Psicólogos DF: ¿Cómo saber si te ama?

¿Cómo saber si te ama?

Algo que me gusta mucho de mi trabajo, es que a veces hago algo que no me enseñaron en la escuela… Incluso me sugirieron que no se hace, pero creo que sí establece una relación auténtica con el paciente y permite su equilibrio, eso que hago tiene un sentido…

Eso que hago, sin darme cuenta, es aprender, dejar que la gente a la que atiendo, también me eduque, suspender juicios y abrirme a su mundo interno. La semana pasada me llegó un correo que me movió muchas cosas, me lo compartió una paciente y le pedí permiso para compartirlo por este medio.

Me dejó pensando que muchas veces dejamos afuera responsabilidades que nos corresponden y que resultan más fáciles de resolver si las tratamos con la persona adecuada: nosotros mismos.

El correo dice así:

[…] ayer me pasó algo, no te voy a agarrar de mi confidente sin honorarios (vía mail) jajaja, así que sólo mencionaré lo siguiente, lo prometo!

Antier le pregunté a [su novio] (varias veces), ¿Me amas? (como lo hace la gente, al menos eso creo, que mi pregunta fue normal) y él respondió algo que quizá he escuchado anteriormente, pero jamás tuvo tanto impacto, ya que sus respuestas siempre habían sido del tipo “sí, mucho”, “sí mi amor”, etc.

Creo que ni siquiera pensó su respuesta y lo dijo “¿Tú te amas?”, en 3 segundos, fue como si me hubieran dado un KO y estuviera en la lona, tirada, no sabía qué hacer, me quedé en shock. Todo vino a mi cabeza para poder responderme, con él me sentí alejada, cada vez más, de pronto no quería ni pelear, ni hablar, no quería nada.

En conclusión la tarde estuvo “X”, no peleamos pero cada uno disfruto a su manera en casa, ayer a mediodía me habló para decirme que no le gustaba estar así y que nunca hubo alguna mala intención, a decir verdad, sé que no la hubo porque si hubiera sabido lo que provocó en mí, jamás me hubiera dicho eso.

Aquel día, llegamos a casa y a diferencia de otras ocasiones, me senté a escribir como me sentía (ayudó demasiado), y seguí con mi vida, con el día. Me siento bien, me siento muy diferente, fue como hacer una pausa y decir, ¿realmente me amo?

Hay mil pensamientos, raramente más motivación de mejorar, de dejar la ansiedad y no sólo llevar una mejor relación o pensar en lo más sano para ambos sino lo más bonito para mí, creo que dejé mucho de lado, mucho olvidado, me olvidé desde hace tiempo.

Quizá muy en el fondo había una responsabilidad que evadí… esa de hacerme feliz, esa de hacerme sentir plena, segura y ¡más guapa!

Hace un par de semanas decidí modificar cosas para mejorar mi vida en varios aspectos pero de pronto mi YO, se concentró más en él, remito a ello la ansiedad, la inseguridad y mil cosas feas más.

Por cierto, eres un genio en eso de “empieza a sentir”, porque hasta lo NO tan agradable funciona, funciona de maravilla, por ello te envío el premio Nobel de la Paz (interior), muy bueno el consejo.

Gracias por leerme.

Psicólogos DF: Qué gano cuando pierdo (Parte 1 de 2)

Qué gano cuando pierdo (Parte 1 de 2)



El martes platicaba con un paciente y le pedía que se preguntara algo.

Mis maestros me enseñaron a ser muy cuidadoso con prometer o garantizar algo, ya que el estado de ánimo o el psiquismo o lo que sea que llevamos dentro, es una variable cambiante e impredecible…

Sin embargo, me arriesgué a sugerirle eso, ya que he comprobado las virtudes aclaradoras de esa pregunta.

¿QUÉ GANO?

Me he dado cuenta que no hay conductas absurdas en sí… Lo que decimos, hacemos, pensamos o sentimos, tiene un sentido…
Aún lo que más nos duele, nos destruye, nos desconcierta… tiene un sentido y cuando hago pausa en un momento de confusión o desesperación lo primero que viene a mi cabeza si me pregunto qué gano es: ¡NADA!

Es la reacción normal que yo manifiesto cuando algo me rebasa, la segunda reacción que tengo si insisto aún sintiéndome un tonto que busca el hilo negro donde sólo hay frustración es un esbozo de paz conmigo.

Y entonces empiezo a descubrir que lo que hice, dije, pensé, sentí y terminó lastimándome o lastimando a alguien más fue un recurso desesperado que tenía en ese momento.

Lo más padre, es que, cuando le encuentro un sentido y luego lo platico con la persona involucrada si es que la hay (porque a veces nuestras luchas son intestinas y no hay un oponente externo), sin quitarme mi parte de responsabilidad y con la intención de reparar, esa emoción desagradable o conducta errática tiende a resolverse porque se hace consciente y deja de hacer ruido.

No nos autodestruimos gratuitamente, y una manera de evitar repetir patrones de comportamientos o emociones que nos duelen es dejar de luchar con ellos por un momento y asumirlos con consciencia.

Psicólogos DF: ¿Qué ganas cuando pierdes? (Parte 2 de 2)



Qué ganas cuando pierdes (Parte 2 de 2) o
¿Por qué me peleo?

Hace poco me cayó un veinte: tiendo a huir del conflicto, y eso provoca dos cosas:
1) O bien, desarrollo relaciones superficiales con las personas o conmigo mismo (si es que existe esa posibilidad), o bien,

2) acumulo tensión hasta que, por una trivialidad, acabo con el estómago destrozado o exploto después de aguantar muchas cosas que no quise expresar en su momento.

Si se sabe vivir, hacer drama, mostrar disposición hacia cómo vive la situación la otra persona, y se habla para resolverse, el conflicto genera confianza en las relaciones y en uno mismo para expresar algo que no te gusta sin temor a ser rechazado, juzgado o lastimado.

Es normal equivocarse, es normal, y, hasta saludable, hacer berrinches, si se reconocen y se saben modular las emociones desagradables para desahogarse sin herirse uno mismo o a alguien más.

Creo que hay dos razones por las que me peleo con gente que es importante para mí, y que si tengo claro esos motivos, será más fácil perderle el miedo al conflicto y llegar a relaciones ricas, profundas, recíprocas y prolongadas:

1. Me peleo para alejarme:

Saboteo una relación en la que siento más emociones de las que me creo capaz de manejar y pelearme, me ayuda a sentir coraje para anestesiarme del dolor de la pérdida potencial. Si me peleo contigo, te voy a odiar, si te odio, es menos difícil sentir que te voy a extrañar. Si me enojo contigo y te echo la culpa de mi malestar, hago como que voy más ligero, no siento tanta culpa y justifico mi conducta para venderme la idea de que soy el agraviado y tú eres la maldad personificada.

2. Me peleo para acercarme:

Hay ocasiones en las que una relación se vuelve cordial, gris, aburrida… y una manera de preservarla es a través del conflicto.
Me explico: Cuando estoy enojado, nervioso o asustado, siento una corriente de muchísimas hormonas en mi cuerpo. Estoy alerta e hipersensible a lo que la otra persona me diga o haga y también me preparo para lastimar y defenderme… me vuelvo muy bueno para recordar faltas y deficiencias de la persona que es importante para mí…

En ese momento estoy conectado con esa persona, la relación está viva y clara… El problema es que la relación se enfoca en estar viva para criticar, maltratar o defenderme, en lugar de estar viva para comprender el dolor ajeno o rememorar los motivos por los que esa relación vale la pena.

Si consideras estos dos puntos, la próxima vez que huyas de un conflicto, pregúntate si vale la pena caer en una relación superficial o quedarte con algo atorado en la garganta, y la próxima vez que te pelees con alguien importante para ti, pregúntate si es para sabotear esa relación o para revivirla a través del dolor con una inyección de adrenalina.

Psicologos DF: Cómo perder sin que te duela

Cómo perder sin que te duela


La semana pasada leí un cuento que venía en un libro de Jorge Bucay, me gustó mucho y decía más o menos así:

Psicólogos DF psicólogos Colonia del Valle psicólogos dependencia emocional terapia de pareja psicólogos México Psicólogos Benito Juárez
A veces atesoramos, ese apego genera dolor

En un mercado de oriente, había un monje vestido con harapos.
Pedía limosna en el enorme bazar atestado de gente, cuando un hombre un hombre le tocó el hombro y le dijo:

-¡Oye! ¡Dame mi tesoro! Seguir leyendo Psicologos DF: Cómo perder sin que te duela