
Una idea que no deja de sorprenderme consiste en que la mejor manera de aprender es enseñar.
Aún más que hacer, compartir algo, me obliga sin esfuerzo a hacerme consciente de lo que trato de transmitir.
Con esta experiencia me vino a la cabeza este principio básico de escalar:
“Si quieres que te duren las manos, usa las piernas.”
Esa frase salió en automático cuando le respondía a un amigo con el que escalo y que se quejaba de que ya le ardían las manos y temía abrirse la piel si seguía dándole.
Lo que le dije fue un recordatorio para mí.
Si quiero escalar largo rato, si quiero disfrutar más, si quiero evitar lesiones, por lógica me conviene apoyarme en músculos mas grandes y fuertes: en las piernas…
Pero en la escalada, como en la vida, lo que hago y veo que es automático, la respuesta natural (e ilógica) es quererse agarrar de algo, y ese reflejo bloquea la posibilidad de sentir más seguridad explorando el apoyo de las piernas, menos fatiga, más confianza y más disfrute por la experiencia.
Decirle a mi amigo que se enfocara en sus piernas, cuando se queja de sus manos, fue una epifanía para mí, algo que sé, pero que tiendo a olvidar entre más fuerte o confiado me siento:
apóyate en tus fundamentos.
Si quiero jugar, está padre usar los brazos un rato, pero si estoy retomando, si estoy lesionado, si no quiero usar el ejercicio como un instrumento de maltrato… me resulta muy valioso cuidar mis manos que no son tan fuertes por diseño como las piernas.
Este aprendizaje y recordatorio procuro tenerlo presente cuando quiero hacer las cosas a mi manera y sólo me frustro con la ausencia de resultados y cuando siento que lo que obtengo de una experiencia no es equivalente a lo que recibo, me pregunto cuáles son las bases que descuidé, cuáles son las piernas que dejé de usar y cuáles son los brazos a los que les exijo más de lo que les corresponde.
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Estos últimos meses he ido aprendiendo a usar nuevos músculos que no sabía que tenía y creo que a veces les exijo demás cuando apenas los he descubierto… aún así creo que forzarlos me da la experiencia de entender cómo puedo irme familiarizando con ellos y usarlos en conjunto con los que ya tengo más fuertes y les doy otro empujón, y de pasada no dejo que los que me han servido antes se pongan flácidos!!!
Gracias, DOC!
Gracias por compartir Soledad!
Me resulta muy práctico hacer un paralelismo del cuerpo físico con lo emocional, y sí hay múltiples recursos que no ocupamos hasta que la vida nos arrincona para empezar a entrenar áreas que andan flacas, y empezar a atenderlas no está peleado con mantener, cultivar o incluso, estimular “músculos” con los que ya estamos amañados por rutina o por inconsciencia.
Un abrazo!