Miedo al éxito

En un libro de Ernie J. Zelinski, El Éxito de los Perezosos,  el autor enfatiza establecer la definición personal de éxito.

El Éxito de los Perezosos de Ernie J. Zelinski

Es una idea muy práctica. El éxito como palabra es muy ambiguo.

Establecer que es para mí el éxito puede ahorrarme desgaste y orientarme.

Cada quien tiene diferentes expectativas y habilidades, carencias y miedos de acuerdo a su historia y genética.

Estas características sugieren nuestra definición de éxito particular.

Tristemente nos aclaramos más cuando la vida nos golpea, y cuando perdemos o necesitamos algo esbozamos, por contraste, lo que sería  para nosotros ser exitosos:

Tener salud, tener trabajo, tener o recuperar pareja…

También resulta trágica la existencia de un autosabotaje repetitivo que parece arraigarse más entre más tratamos de resolver nuestra búsqueda de éxito.

Creo que en este sentido, el de autosabotearnos, hay 5 motivos por los cuales no llegamos a ser exitosos:

  1. Miedo a lo desconocido.
  2. Sentirnos indignos.
  3. Sentirnos culpables.
  4. Tener ambivalencia.
  5. Miedo a la pérdida.

 

Describo cada uno a continuación:

  1. Miedo a lo desconocido:

Podré decir que quiero ser feliz, pero si lo que conozco es tristeza, de manera automática mi sistema nervioso me guiará a lo que le es familiar. Reconocer esta tendencia natural hacia lo que hemos vivido muchas veces, es el primer paso para cambiar.

2. Sentirnos indignos.

A nivel inconsciente  existen muchos impulsos que chocan entre ellos.

Nuestra razón podrá querer estar bien, pero si nuestra familia o amigos no tienen ciertas experiencias de desarrollo, existirá un sentimiento de inadecuación  cuando progresamos.

Tanto este punto de sentirnos indignos, como el que sigue de sentirnos culpables, son experiencias que cuesta trabajo reconocer por un bombardeo de psicología de autoayuda que estimula la obligación de sentirnos bien sin trabajar las entrañas emocionales y reconocer que para “estar bien” primero tenemos que hacer consciencia de nuestras lesiones emocionales.

3. Sentirnos culpables.

Es muy frecuente que lo que decimos que merecemos tenga en el fondo una sensación de que es difícil de conseguir.

Esto sucede porque tratamos de defendernos de una culpa potencial que puede surgir en el momento en el que vivimos algo agradable.

Es natural no sentir culpa cuando sentimos dolor o necesidad, pero cuando nuestras necesidades y deseos están satisfechos surge con relativa facilidad una sentimiento de que fue demasiado fácil, de que fue suerte, de que falta algo más, o que no era lo que esperaba. Ahí está la semilla de la culpa o el remordimiento, en esa incapacidad para disfrutar nuestros logros.  Si no sabemos agradecer y gozar lo que alcanzamos, las posibilidades de volver a tener éxito van a disminuir, pies a nivel incosnciente no le encontraremos sentido a llegar a una meta que, apenas alcanzada, minimizamos.

4. Tener ambivalencia.

Uno de los descubrimientos más asombrosos que he vivido, es caer en la cuenta de que soy un insatisfecho crónico; reconciliarme con ésto para sentir paz, fue un hallazgo aún más asombroso.

Si hago algo pasa muchas veces que pienso que pude hacerlo mejor, o tomar otra decisión o que debería de hacer algo más lo que sea.

Si descanso, debería hacer algo productivo, si trabajo, me digo que no todo es dinero y que también debería cuidar mi vida social, si me desvelo en una reunión, me digo que saboteo una rutina saludable, si me duermo y me levanto temprano, que no debería ser tan cuadrado…

Tener esta doble intención  de quererme enamorar, y tener miedo a decpecionarme o que me lastimen o de querer tener dinero pero decir que en este país es peligroso o no se puede tener dinero es como querer manejar un coche en primera y reversa al mismo tiempo…

No vamos a avanzar y sí vamos a desgastar el motor.

5. Miedo a la pérdida.

Somos mucho más sensibles al dolor de perder que al placer de ganar.

Esto tiene un propósito evolutivo, si no sintiéramos tan dura una pérdida, nuestros antepasados no hubieran sido tan cautos en épocas muy peligrosas y no estaríamos aquí.

Por desgracia, ese chip de supervivencia primitiva es rancio para las “amenazas” actuales que se encuentran en oportunidades que nos permitirían aprender y crecer si disminuyéramos nuestra hipersensibilidad a la pérdida.

 

El miedo al fracaso muchas veces es una máscara del miedo al éxito.

¿En qué momentos te gana la parálisis frente a experiencias que te darían más recursos, libertad o felicidad?

 

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2 comentarios en “Miedo al éxito”

  1. Me dio directo en mi síndrome del impostor…

    A veces me da mucha ansiedad la idea de sentir que no puedo alejarme por mi misma de las relaciones de fracaso si no alguien me saca primero de ellas…

    Creo que esta entrada la tengo que leer un par de veces más.

    =)

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